domingo, 18 de agosto de 2013

Postal de las Malvinas




 

Una evocación a propósito del enésimo conflicto de Gibraltar


G. García-Alcalde La presencia en Rota del portaaviones «MNS Illustrious» y la llegada al Peñón de otras unidades de la Royal Navy coincidiendo con el estallido del enésimo conflicto gibraltareño no es, ciertamente, la más oportuna de las postales. Vale que sus maniobras estuviesen convocadas, anunciadas y autorizadas antes del vertido de bloques de hormigón en un caladero algecireño, pero la dureza de las posiciones mantenidas en un problema local por dos estados de la Unión Europea -se supone que amigos, además de aliados en la OTAN- no debería obviar los respetos diplomáticos que eviten apariencias indeseables. Nada tienen que ver con el siniestro enfrentamiento de 1982 en las Malvinas, puesto que España no ha invadido Gibraltar, pero los mecanismos de la memoria provocan las más feas concomitancias.


La olvidable Thatcher sufría entonces el peor momento de popularidad desde que el 1979 fuera elegida primera ministra. Su Gobierno había dado muchas señales de indiferencia por las remotas Falklands-Malvinas, lo que animó a la dictadura argentina a una invasión que legitimara su existencia por la vía de la manipulación patriotera. La premier británica vio claro que un registro similar podía salvarla y se lanzó a la «reconquista». Con el coste de casi 1.000 muertos, cerca de 2.000 heridos, 80 aviones abatidos y 14 barcos hundidos, Thatcher subió como la espuma y ganó las siguientes elecciones de 1983, las de 1987 y tan sólo se largó en 1990, obligada a dimitir por su propio partido. Una historia ejemplar, sin duda. Después de la heroica victoria, las Falklands-Malvinas siguieron tan dejadas de la mano de Dios como estaban antes.


La evocación es pertinente por su ejemplaridad negativa, no por temor de que pueda reproducirse. Pero es curioso que la nueva excitación gibraltareña coincida con la más baja popularidad de Rajoy y su Gobierno, en parte por sospechas de corrupción y en parte por errores político-sociales comparables a los de Thatcher en su primer mandato. Nada digamos de Cameron, también bajo mínimos en UK, por su culpa y por la del partido liberal que le da la mayoría parlamentaria. La tecla patriotrera debería de permanecer muda y, sin embargo, ya se está oyendo. Tras la audiencia con el rey en Marivent, el presidente Rajoy ha reafirmado su voluntad de mantener en pie «todas las medidas legales» en el contencioso del Peñón. No es por nada, pero los barquitos ingleses estarían más guapos en otro lugar. Ya se sabe que el diablo las carga, y más si las encuestas no salen..

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