lunes, 28 de noviembre de 2022

UNA SEMANA EN MALVINAS, ENTRE AMAPOLAS E ISLEÑOS REACIOS A LA ARGENTINA


Infobae en las Malvinas: 

Un viaje para recorrer los campos de batalla, dialogar con los isleños y tratar de entender qué pasa hoy en las islas. La presencia de 130 ex combatientes británicos, la reconstrucción de un ataque y la emoción infinita en el cementerio de Darwin



Por
Joaquín Sánchez Mariño




Turba, piedra y neblina: el paisaje de las Islas Malvinas aún en plena primavera

En el mostrador para hacer el check in no hay cola. “Te estábamos esperando”, me dice la mujer que me registra. Somos solo cinco personas las que nos subimos al avión en esta escala: la mayoría de los pasajeros que vuela a Malvinas viene de Chile. La aerolínea no es menor: el de LATAM es el único vuelo semanal que viaja, sale de Santiago de Chile, hace una escala en Punta Arenas, una vez al mes hace escala también en Río Gallegos y luego aterriza en Mount Pleasant (“Falkland Island”, dice la tarjeta de embarque). Desde la capital de Santa Cruz hasta las islas es apenas una hora y diecinueve minutos de vuelo. Un salto de aire, no mucho más, un subir y bajar. Si es que bajar fuera fácil.

De los cinco que abordamos en Río Gallegos, cuatro somos argentinos: Ignacia, la chica que me hizo el check in y que después de despachar este vuelo por 18 años -empezó en 2004-, hoy decidió tomarlo; Lucas, un hombre de La Plata que durante la guerra escribía cartas a los soldados y desde entonces siempre quiso conocer las islas; otro hombre que viaja para subirse a un barco y navegar por las islas Georgia y cuyo nombre no me dice, y luego estoy yo, periodista e hijo de un excombatiente. El quinto pasajero es un estadounidense de veintipocos que se recibió de ingeniero y decidió tomarse unos meses libres para viajar por Sudamérica, viaje que está terminando ahora, en el sur, con su visita a Malvinas.


El precio del pasaje para ir desde Río Gallegos a Mount Pleasant es de aproximadamente 100.000 pesos. Hubo un tiempo en que también se podía volar una vez por mes desde Córdoba, pero la pandemia lo interrumpió, Argentina cambió de gobierno y la ruta nunca se restableció. Ahora es un viaje al sur desde el sur.

Ya en el avión el entorno cambia, dejamos de ser un grupo de cinco para ser uno de 60 o 50 personas, poco menos. Oigo tonadas chilenas y oigo inglés. Ya todo deja de ser un paisaje familiar, como si al entrar al avión hubiera cruzado a otra dimensión, pongamos, por no decir frontera.

La costa de Stanley, donde viven 2600 personas entre isleños y trabajadores de distintos países.

A mi derecha está sentado un hombre claramente inglés con auriculares puestos. Está dormido junto a la ventana y en su expresión no se adivina sentimiento alguno. No sé si vuelve a su casa, si es un viaje de trabajo, o si acaso es padre o tío o sobrino de alguien que haya combatido en el ‘82. Lo único que veo es un hombre absolutamente indiferente al despegue, al viaje, al encuentro con las islas. Y es natural pero no deja de ser increíble cómo algo que significa tanto para uno puede significar tan poco para otro.

El avión despega. Río Gallegos, plano e industrial, va quedando lejos. Ahora escribo desde el cielo que cruzó mi padre para llegar a Malvinas. Él lo hizo desde Comodoro Rivadavia en un Hércules, el mismo avión en el que se fue, el 13 de junio de 1982. Era otro cielo este mismo cielo de ahora, nadie dormía en esos días.

Cuando estamos por aterrizar, luego de que el piloto lo anuncie, las nubes ya no cubren el paisaje y comienzo a ver las manchas de tierra sobre el agua, como si se corriera un telón de neblina puesto casi teatralmente para dramatizar la llegada. Y entonces, cuando la tierra se acerca, el piloto pone los motores al máximo y comenzamos a subir drásticamente. El avión vibra y se escuchan algunos gritos contenidos de temor. Lo que sucede no es otra cosa que un escape, una aproximación frustrada por el viento de las islas, que no siempre deja bajar. Volvemos a la altura de las nubes y sobrevolamos la Isla Este, una de las dos grandes, en la que está Puerto Argentino, y donde sucedieron todas las batallas de la guerra.

Media hora después, las condiciones de viento mejoran y, no sin nervios, comenzamos a bajar una vez más. Poco a poco vamos llegando a tierra y no es solo el fuselaje lo que vibra.

El aeropuerto de Mount Pleasant es una base militar gigante en la que está prohibido sacar fotos o hacer videos. Nuestro avión se detiene junto a un hangar enorme en el que descansan muchos aviones de combate que no podemos ver. Entramos a la sala de arribos, buscamos las valijas, y llega el momento en que un oficial recibe mi pasaporte y estampa sobre él el sello que dice “Falklands”. Y escribe en lapicera que tengo permiso para estar una semana. Siete días para mi romance o desesperación. Así comienza esta crónica, llegando en el primero de mis siete días.

Postal de Stanley a la caída del sol, uno de los pocos momentos en que el viento no sopla con furia. Nadie camina por las playas, las gaviotas son las verdaderas dueñas de la costa.

Desde el aeropuerto a Puerto Argentino hay cuarenta minutos de viaje en un micro que lleva a casi todos los pasajeros del avión. A bordo me encuentro con el resto del grupo con el que fui invitado a las islas: Checho Bianchi -periodista uruguayo-, Ivan Martinic -periodista chileno-, Nicola y Eduardo -periodista y fotógrafo brasileros- y James Perry -funcionario de la Embajada de Reino Unido en Chile, e hijo de un veterano de la guerra del ‘82-.

Conversamos y finalmente llegamos al hotel que nos va a hospedar: Malvina House, el más importante de las islas y cuyo nombre -dicen- no es en referencia a las Malvinas sino que la hija del fundador del hotel se llamaba así, Malvina, y que es un homenaje a ella. El destino también tiene su forma del humor.

El primer día no queda mucho por hacer así que camino solo por Puerto Argentino, Stanley para los isleños. Acá hoy viven apenas 2600 personas y hace unos años decidieron que ya no se llame Puerto Stanley sino tan solo Stanley. Pero los mapas, según quién los haga, pueden decir cualquiera de los tres nombres. Estando ahí, todo es tan solo Stanley, y las referencias a lo argentino vienen siempre cargadas de palabras incómodas: “invasión”, “ocupación”, “liberación”, las tres etapas en las que los isleños recuerdan al 1982.

Antes de volver al hotel paso por el memorial de la guerra: están los nombres de sus caídos y hay flores de amapola artificiales (“red poppy”), el símbolo con el que los británicos recuerdan a los muertos de sus guerras, “porque es una flor que nace en cualquier condición”, me dirá la mujer de la recepción del hotel, porque en los campos de Flandes, luego de una batalla durante la Primera Guerra Mundial, todo quedó cubierto de sangre y allí floreció la amapola, y un médico y militar y poeta canadiense al verlos escribió un poema de una belleza infinita y dolorosa: “Somos los muertos./ Hace pocos días vivíamos,/ cantábamos auroras, veíamos el rojo del crepúsculo,/ amábamos, éramos amados./ Ahora yacemos, en los campos de Flandes”.

Las amapolas se mueven con el viento y su gracia contrasta con el busto que está ahí detrás del memorial: un homenaje a Margaret Thatcher, a quienes los isleños le agradecen su liderazgo implacable durante el conflicto. Ahí está también la “Thatcher Drive”, una calle en su homenaje, y yo la cruzo indiferente pero acá estoy, vacío de toda indiferencia.


El 13 de noviembre se celebró el Día del Recuerdo, por el final de la Primera Guerra Mundial pero en homenaje a los caídos de todas las guerras. Muchos veteranos del '82 llegaron a las islas para sumarse al homenaje por los 40 años de la guerra.

Al día siguiente seguiré viendo la red poppy: es domingo 13 de noviembre y en todo Reino Unido se celebra Remembrance Day (Día del Recuerdo), que en rigor se celebra el viernes 11 (día en que terminó la Primera Guerra Mundial) pero los homenajes suelen hacerse los domingos. Así que casi todo el pueblo de Stanley amanece y se dirige a la catedral del pueblo, que hoy rebalsa de personas: unos días antes llegó un avión de la RAF (Royal Air Force) desde Inglaterra con 130 veteranos que llegaron para el homenaje por los 40 años de la guerra con la Argentina. Así que ahora, luego de una misa a la que no asisto por no ser ni practicante ni británico ni tener silla para sentarme, los veteranos se forman y comienzan su marcha militar rumbo al cementerio de Stanley. Es la primera marcha de veteranos británicos de Malvinas que veo en mi vida y no es tan distinta de las marchas en las que vi a mi padre y a sus camaradas veteranos de Malvinas. La misma emoción, el mismo orgullo, la misma edad sobre sus hombros cansados y el mismo deseo de mostrar la fortaleza de entonces.

El cementerio también está decorado con flores de amapola pero no están solas: hay además unas siluetas de soldados clavadas en la tierra. No se les ve más que la forma del cuerpo, como sombras que se crecen sobre el pasto hasta volverse reales y necesitan de hilos y estacas que los aferren al piso para no volar, para mantenerse en tierra -esta tierra- como si tuvieran el alma atrapada en las Malvinas. Son 255 siluetas por los 255 soldados que cayeron en la guerra con nuestro país, sumado a ellos otras tres siluetas femeninas (las tres mujeres que murieron en 1982, civiles, víctimas accidentales de un ataque británico), y otras cincuenta sombras acumuladas por los caídos en las islas durante otras guerras.

El cementerio de Stanley decorado con 255 siluetas en homenaje a los soldados británicos caídos en la guerra con la Argentina

Es, pienso, un homenaje certero: nadie puede distinguir quién es quién, tal vez apenas el uniforme, apenas el equipamiento, pero todos son todos, ni uno más importante que el otro, ni uno -me digo- más inglés, más argentino. No lo pensaron así pero estos espectros que plantaron por todo Puerto Argentino bien pueden ser alguno de los argentinos. No es ni de cerca una apropiación, no es nada, solo un sentimiento bueno mientras la lluvia de la mañana se va impregnando en mi cuerpo. Es una lluvia que parece no existir pero te va mojando, cargando peso y frío sobre tus hombros, y vuelve todo un poco más grisáceo de lo que ya es. Muero de frío y es noviembre, corazón de la primavera, y llevo tan solo media hora al aire libre. Comienzo a imaginar el frío de abril, mayo y junio de 1982.

Miro con respeto el homenaje y me emociono. Horas después un amigo me preguntará si chiflé. Le digo que es un demente y me dice que me lo pregunta en serio.

Cuando el evento termina, me acerco a un veterano y me presento, le digo que soy un periodista argentino y le pido una entrevista. Su nombre es Gary Platz, tiene 59 años. Pisó las islas en el primer día del desembarco británico en San Carlos, el 21 de mayo de 1982. Él tenía, por ese entonces, apenas 19 años.

Gary Platz, un veterano de guerra britántico que visitó las islas por primera vez desde la guerra: "los recuerdos son demasiado duros", dice

— Era un adolescente. ¿Tenía alguna experiencia de combate?

— Bueno, me alisté a los 16, tuve tres años de formación, a los 18 hice el curso de comandos. Para ser justos, era joven, inmaduro, naïf, pero había sido bien entrenado, era un soldado profesional, y un buen soldado creo yo, porque para ser un comando había que pasar un curso muy difícil. Pero claro, una cosa es saber cómo ser un soldado, y otra cosa es ser un soldado. Jugar a ser no es lo mismo que ser, es un juego diferente. No estaba listo para servir, pero no sé quién sí lo está. Por momentos fue una experiencia difícil, y por otros momentos fue una experiencia muy difícil. No es algo genial de hacer. Te unís al ejército para combatir, pero cuando efectivamente combatís, es… es otra cosa. Pero no es combatir lo difícil de superar en una guerra, es la pérdida, la muerte, el matar a alguien… son cosas que ningún hombre debería encontrar fáciles. Espero que no, por el bien de su alma.

— ¿Cómo fue el desembarco?

— Muy duro. Perdí algunos amigos ahí, por la destreza y el talento de la Fuerza Aérea Argentina, que eran hombres muy valientes. Nos mataron a algunos muchachos con sus bombardeos, y después nos movilizamos a Monte Kent, Monte Challenger, Monte Harriet, Dos Hermanas, y finalmente a Stanley.

— ¿Cuál fue su tarea durante la guerra?

— Era ingeniero de combate. Arreglábamos caminos, puentes, hacíamos demoliciones, nos encargábamos de conseguir agua. Pero en realidad lo que hacíamos mayormente era infantería: todo el mundo es un soldado primero, y algo más después, así que éramos mayormente soldados.

— ¿Esta es la primera vez que vuelve a las islas?

— Sí, lo había estado evitando. Ha sido realmente muy difícil. Es un lugar repleto de recuerdos duros para mí. Lo lindo del tiempo y la distancia es que hacen que todo sea más fácil de mirar. Al saber que venía de regreso supe también que iba a cambiar la lente, cambiar de foco, y lo iba a empezar a ver todo un poco más de cerca, más en detalle. Y fue realmente muy difícil, estoy peleando con algunos de esos momentos, porque lo había dejado atrás y ahora están enfrente mío.

Gary habla con educación y calidez. Piensa cada una de sus respuestas y me mira a los ojos. Los suyos de pronto están llenos de lágrimas, y a veces deja de hablar y busca aire, como si el oxígeno pudiera devolverle la compostura, que no quiere perder. “You know…”, me dice, y se detiene. “You know…”.

Le pregunto si visitó alguno de los lugares difíciles y me mira profundamente. “Sí”, me dice. “Estuve en todos los lugares en los que combatí. Estuve en el lugar exacto en el que mi amigo Gus murió. Estuve en el lugar en que mi amigo Nick murió. Estuve en el lugar en el que Chris murió. Fue una peregrinación. Así lo siento, como un viaje doloroso. Y el alivio… bueno, todavía no ha llegado”.

— Pasaron cuarenta años. ¿Fueron años difíciles para usted?

— Con el tiempo uno aprende a lidiar con los incidentes en los estuvo, pero en cambio las pérdidas… Ya casi tengo 60, tuve tres mujeres, tres hijos, cuatro nietos. Tengo una vida llena y genial, y si muero mañana, así es la vida. Pero tuve una con muchas experiencias, con lágrimas y alegrías. Pero Chris y Nick y Gus no tuvieron nada. Cuarenta años atrás se terminó todo para ellos: nada de esperanza, nada de amor, nada de sueños, nada de risas, nada de pérdidas. Y encuentro su ausencia muy difícil. Y algunas veces me he hecho la pregunta: ¿debo vivir mi vida por ellos? Pero claro que no puedo, tú vives tu propia vida. Y es un dolor que sienten todos los militares británicos, y supongo que todos los argentinos también por sus camaradas. Fui al cementerio argentino en Darwin y… me conmovió mucho.

Una vez más, Gary deja de hablar. Tiene más lágrimas que antes y me emociona su emoción al hablar del cementerio argentino. Le digo que mi padre también combatió en el ‘82 y me dice que debería estar orgulloso de él.


El cementerio militar de San Carlos, donde yacen los cuerpos de aquellos caídos británicos cuyas familias quisieron que fueran enterrados en las islas

“Yo estuve bien entrenado, tenía equipamiento, era un profesional”, dice. “Y siento mucho dolor por el hecho de que muchos argentinos conscriptos no estuvieran en las mismas condiciones, no tuvieran equipos suficientes, y sobre todo no estuvieran bien guiados por los líderes del país. Y eso es un crimen, porque si vas a mandar a tus muchachos al combate tenés que ser el ejemplo, ser una mejor persona. Realmente creo que sus líderes políticos no fueron buenos. Lo mismo pasó, en parte, en la Segunda Guerra Mundial. ‘Leones liderados por monos’, decimos nosotros. No todos, claro, pero muchos. Y es injusto”.

Su hijo, me cuenta, también es militar. Pero su relación con la vocación propia y la del hijo es compleja. Le pregunto qué desea para él: que tenga la oportunidad de servir en combate o que no lo haga. “Es muy difícil porque sé lo que eso podría ser. Mi hijo quería ir a Afganistán y a Irak, pero por distintas circunstancias nunca le tocó. Y yo estaba tan feliz… Yo sé qué hay gente que va a morir en combate, porque eso es el combate y yo lo he visto. Pero si sos una madre o un padre o una hermana, no entendés ese concepto. Perder gente en la guerra es muy difícil, yo no quiero ser ese padre que perdió a un hijo en combate. No quiero ser esa persona. Perder a un compañero en combate, es combate. Perder a un hijo es perder a un hijo, y es muy distinto. Y estoy seguro que fue igual para los argentinos: si eras una madre o un padre o un hermano… habrá sido terriblemente difícil perder a ese ser querido en la guerra de las Falklands… Malvinas.

—¿Qué sentimientos tenía en ese momento hacia las tropas argentinas y qué sentimiento tiene ahora?

— Cuando entrás a un partido de rugby querés ganar, y vas a lastimar a otros para ganar, porque el rugby es acerca del dolor. No es diferente. Cuando llegué a estas islas, yo quería matar argentinos. Verdaderamente. E hice mi mayor esfuerzo. Pero cuando te vas, no querés matar a nadie. Y, literalmente, tengo el mayor de los respetos por los jóvenes que se sacrificaron en estas islas. Y, al igual que al término de un partido de rugby, estrechás las manos y seguís adelante. Yo no guardo ningún sentimiento negativo contra los argentinos, estrecharía la mano del hombre que mató a alguno de mis amigos, porque fue un piloto valiente y virtuoso. Él mató a mi amigo, la puta madre, la puta madre. Pero eso fue entonces, y no es ahora.


En el Día del Recuerdo, todo Stanley acompañado por un contingente de 130 veteranos de la guerra del '82 se movilizaron al cementerio para rendir homenaje a los caídos

— ¿Sabés quién fue?

— No sé quién fue, pero realmente estrecharía su mano. ¿Por qué querría seguir enojado? La guerra es algo lleno de bronca, es un lugar oscuro y violento, y hay algo mal con tu alma si deseás quedarte ahí. Los buenos soldados saben cuando ponerse oscuros y enfurecidos, pero también saben cuando aclararse y dibujar una línea de luz para seguir adelante. Y yo busco paz. Busco concordia. Busco acuerdos y no más conflictos. Y si hay algo que quisiera decirle a tus compatriotas argentinos, sobre todo a los veteranos, es que lo siento. Lo siento. Lo siento por las pérdidas, lo siento por todo el dolor. Porque yo conozco ese dolor… Lo haría otra vez mañana, como también ellos lo harían, y eso está bien, estaríamos en el campo de vuelta, y haríamos lo que hacemos una vez más, pero preferiría ya no hacerlo. Preferiría que nadie lo haga más.

Nos damos la mano un rato largo. Gary me da su mail y me dice que no fue fácil hablar de esto. Tiene aún lágrimas en los ojos, muchas más desde que habló de los argentinos. Imagino, no lo pregunto, que alguna sombra lo habitará cuando piensa en sus enemigos muertos, acaso de su mano. Me dice que le de un saludo a mi padre de su parte, y vuelve a mencionar la guerra y dice “Malvinas”, porque sabe que así preferimos escucharlo nosotros. Se lo agradezco y lo veo irse con sus camaradas.


El Cementerio de Darwin es un lugar silencioso y apartado. Allí descansan con nombre y apellido muchos de los caídos en combate. Aun quedan sin embargo algunas tumbas con cuerpo aún por reconocer. En ellas aun se lee: "Soldado Argentino Solo Conocido Por Dios"

Al día siguiente el encuentro es con los nuestros. Salimos temprano rumbo a Darwin. Nos lleva una señora al volante de una camioneta Land Rover. Se llama Elsa y tiene 65 años pero parece más grande, como casi todos en las islas. Elsa maneja la Land Rover con seguridad. Es de pocas palabras, cada tanto pasamos junto a un monte y ella dice el nombre. Vive junto a Tony, su marido, en una granja que se llama Estancia. Tienen una empresa de excursiones del mismo nombre. Durante la guerra también vivían ahí, con una hija de apenas un año. Desde su ventana, me cuenta Elsa, se ve el Monte Kent. Ella no lo sabe pero es el lugar donde un avión Sea Harrier atacó al helicóptero UH-1H que volaba mi padre. Le pregunto a Elsa si pasaremos por ahí y me dice que al final del día. Me cuenta que durante aquellos días de la guerra, ya llegando a junio, hospedó a una compañía de paracaidistas británicos que se preparaban en su camino a Stanley.

Falta para llegar ahí. Avanzamos por el lado sur de la isla este rumbo a Darwin. No me lo dicen pero de pronto veo a lo lejos un conjunto de cruces blancas y entiendo que la primera parada de la recorrida será el cementerio argentino. No tengo tiempo ni de pensar y ya estamos ahí, estacionados. Lo vi cientos de veces en fotos, lo veo cada año, cada 2 de abril, en cada documental. El Cementerio de Darwin debe ser el lugar más argentino del planeta, nadie puede pisarlo sin emocionarse.

El viento sobre las islas es permanente, como si Dios soplara de manera incesante para correrlas de lugar, llevarlas más allá o más acá. Parece también que quisiera barrerlas: todo polvo, toda arena, toda roca rumbo al mar. Grabo un video antes de acercarme al cementerio pero no se escucha nada, solo el ruido saturado de este viento, y es sensata esta forma de la naturaleza de pedirme que no diga, que no hable, esta forma de borrar toda palabra con viento ensordecedor. Decido no decir por un rato y camino. Decido replegarme a la idea de una foto y dejar que el tiempo pase sobre mí para que las palabras lleguen a su forma.

El cementerio de Darwin es un lugar silencioso y aislado. Cerca de aquí sucedió una de las peores batallas. Pero no hay rastro de sangre: hay fardos a lo lejos y esta especie de remanso donde todavía existen algunos soldados argentinos solo conocidos por dios, pero la mayoría tiene ya su nombre en piedra, un rosario y flores. Saludo uno por uno, paso tumba por tumba leyendo cada nombre y apellido. El color blanco resalta en la inmensidad del verde opaco, casi amarillo. Sobre el final del cementerio están los nombres de todos los caídos en el conflicto: 649 argentinos, el número de nuestros héroes.

Joaquín Sanchez Mariño, autor de esta nota, en el Cementerio de Darwin, en Malvinas

Me quedo parado apoyado en la cerca. Miro las cruces y los nombres una vez más, el tintineo de los rosarios cuando los mueve el viento. Bajo tierra, los hombres que lo dieron todo, porque no hay más que vida durante la vida. Tal vez exista un Paraíso para nuestros héroes. Para ellos, todo honor y toda gloria.



Seguimos camino y visitamos los campos de batalla de Darwin, un pequeño caserío junto al mar que da nombre a la zona, y entramos luego en Goose Green, donde las tropas argentinas instalaron un campamento a la espera de los ingleses. Nos detenemos a almorzar en una especie de salón comunitario donde fueron instalados los pobladores de la zona durante el conflicto. Allí pasaron más de un mes a la espera de la resolución. Mientras almuerzo, veo en la pared los restos de una celebración que tuvieron en junio. Una bandera dice “Happy Liberation Day”, y se ven dibujos de niños pegados en la pared. Son los rastros de su celebración anual del 14 de junio, cuando festejan “la liberación”. Otra vez es incómodo leernos a nosotros en clave visitante, pero es todo lo que hay para ver en la superficie de la isla.


El muelle de San Carlos, el mismo por el que desembarcaron las tropas británicas en mayo de 1982

Una hora después recorremos San Carlos, el lugar que eligieron los ingleses para desembarcar. Veo el muelle por el que bajaron muchos de sus soldados, y ahí también hay dos siluetas negras en conmemoración a los caídos. Me pregunto si alguno de ellos será el amigo de Gary Platz. Todo acá, donde no hay nadie, hace 40 años pareció ser el lugar más valioso del planeta.

Una vez más, subimos a la camioneta. Avanzamos rumbo a Puerto Argentino por otro camino y en un momento Elsa rompe apenas el silencio y dice “ahí está Monte Kent”. Le pido si podemos parar y estaciona. Junto a la ruta están los restos de un Chinook y un poco más allá, los de un Puma. Son dos helicópteros argentinos destruidos el 21 de mayo en un ataque de dos aviones Sea Harrier. A unos doscientos metros de ahí, al otro lado de la ruta, también estaba el helicóptero de mi viejo, que también fue atacado en el mismo momento pero no lograron destruirlo. Un cañonazo le agujereó una de las palas pero mi padre pudo seguir volando en su aeronave hasta el 11 de junio.

Le cuento la historia a Elsa y me dice que desde su ventana ella podía ver el Huey (le dice así al UH-1H). Me narra ella misma el ataque, que sucedió a las ocho de la mañana, cuando todavía estaba en la cama. En un momento comenzó a ver el humo brotar desde el monte y un rato después un oficial argentino tocó la puerta de su casa para pedirle prestada una camioneta. Se la llevaron y la recuperaron recién al final de la guerra. Elsa no dice nada malo del oficial pero tampoco nada bueno. “Fue educado, ¿no?”, digo, aunque sé que le estaban sacando una camioneta a la fuerza. “Bueno, sí. El oficial tenía una mujer británica. Y yo le ofrecí un té y me preguntó si no tenía limón, pero no teníamos. ¡Estábamos en medio de una maldita guerra!”, responde.


Un canón argentino abandonado camino al Monte Longdon, en uno de los campos de batalla

El último día, antes de irnos, decido hacer un último tour, esta vez contratado por mí. Le pido a Matías, uno de los mozos del hotel, que me lleve de recorrida por tres horas a algunos lugares emblemáticos para los argentinos, habida cuenta de que mis recorridos fueron siempre de la mano de los isleños.

Matías me cuenta que en general cuando hace tours con veteranos argentinos, todos “se portan muy bien”, son pocos los que hacen algún alboroto. “En general -me dice- son discretos hasta que están solos en el cementerio o en algún campo de batalla en el que estuvieron. Ahí, cuando no hay nadie cerca, porque son lugares aislados, suelen sacar sus banderas y ponerse más emocionales”.

Siempre les pide que no lo hagan delante de los isleños, que eso podría traerle problemas a todos: a los argentinos podrían denunciarlos y al chileno tildarlo de “argie lover”, una manera de decir que es amigo de los argentinos (los “argies”) o peor aun, amante. Me da un poco de bronca y un poco de gracia la obsesión, que seamos una suerte de mancha veneno de la cual los otros deben cuidarse para no ganarse la antipatía de los locales.

Con Matías recorremos primero el faro y la bahía por la que desembarcaron los primeros 500 argentinos que llegaron a la isla. Lo hicieron a través de vehículos anfibios por una playa calma y ancha, a pocos kilómetros de Puerto Argentino. Con los mismos anfibios y otros a pie llegaron hasta el pueblo, primero intentaron tomar la casa de los Royal Marines, pero no había nadie allí, estaban todos apostados en la casa del gobernador, a la espera de las tropas argentinas. Ya ese día se había avisado a la población que los argentinos estaban llegando, que iba a suceder -en sus palabras- “la invasión”. Luego de tomar la ya vacía casa de los Royal Marine, fueron a la casa del gobernador. Ahí comenzaron los primeros tiroteos, pero 70 marines contra 500 soldados no tenían nada que hacer. Lo que pasó en el pueblo esos días traumó para siempre a los locales, y nadie ahí parece apto para perdonar.

Seguimos la recorrida. Matías nos lleva a una playa increíble del otro lado de la bahía. Se la ve blanca y turquesa como las playas del caribe. Hasta el año 2020, nadie podía ir a tirarse ahí o recorrerla porque todavía estaba minada. Como la Argentina no sabía por dónde intentaría desembarcar Inglaterra, minó las playas que no podía vigilar con hombres. Ésta quedó detenida allí durante 38 años, atrapada por la locura de una guerra. “Al menos le cagamos la Bristol”, pienso, en un ataque de competitividad, yo también atrapado en la idea del duelo permanente, de la guerra que no termina y se libra en batallas ridículas y simbólicas.

Matías dice que en el verano va con la novia hasta un extremo de la playa y caminan junto al mar por kilómetros, y que los jóvenes hoy hacen fogones por la noche y escuchan música y toman alcohol. Los imagino mirando el mar y soñando otras vidas posibles, o tirando piedras para el lado argentino maldiciendo por herencia a los “fucking argies”. Pero no los escuchamos, aunque su noche y la nuestra sea la misma, nunca los escuchamos, demasiado cerca y demasiado lejos.

Seguimos viaje, cruzamos todo Puerto Argentino y vamos para el otro lado, hacia el oeste. Pasamos por la casa del gobernador (donde está, en ese preciso momento, la princesa Anne, y a quien no me crucé en todos mis días en las islas). Luego vemos la casa de los Royal Marine, donde hoy vive un empresario. Subimos por una ruta y llegamos a un sendero que se adentra en los montes donde hubo batallas: Longdon, Two Sisters (Dos Hermanas), Tumbledown. Comenzamos a caminar y veo por fin esa imagen de Malvinas que vi siempre, las rocas sobre la roca, los fardos color ocre que se pintan de gris en el invierno, los cráteres de bombazos que cayeron cuarenta años atrás. De pronto piso un casquillo, y después veo el soporte de un cañón, caños oxidados, más cráteres y más piedras con dibujos anárquicos sobre la montaña. Más allá, un cañón también oxidado en el que aún se lee “industria argentina”. Lo llevó hasta ahí el regimiento N°7 de La Plata en su marcha hacia el Monte Longdon.



Al fondo, el Monte Dos Hermanas, otro de los campos de batalla donde sucedieron los enfrentamientos en el camino de los ingleses hacia Stanley

Matías me cuenta que algunos veteranos incluso vienen hasta acá y pasan la noche entre las piedras, protegiéndose como pueden con una bolsa de dormir para recordar aquellos días de campaña. El viento sopla feroz otra vez. Me siento, ahora sí, en medio de los recuerdos de los veteranos, atrapado en su pensadero, reviviendo para mí sus imágenes, su memoria.

Veo de fondo el Dos Hermanas y pienso que ahora sí vine a las Malvinas, que hasta este momento estuve siempre en las Falklands, aunque no lo dijera, atrapado en su forma de la historia, reviviendo sus dolores, no los nuestros. ¿Tiene sentido pensar que estos dolores son nuestros? ¿Míos? ¿De los argentinos? Miro una piedra, es como un muro, tiene una paleta de grises y negros de una nitidez inusitada, parecen mapas secretos pintados con tinta china indeleble a lo largo de los siglos. No sé de quiénes son esos dibujos, no sé quién es el dueño del tiempo. Ahora, acá, en este segundo, el único que sabe la forma de esa piedra soy yo. Esas, digo, son mis islas. Cada cual puede recordar las suyas.

viernes, 4 de noviembre de 2022

EL INUSUAL USO DEL IDIOMA ESPAÑOL EN LAS ISLAS MALVINAS






"Poocha che": 


Lo curioso del inglés del archipiélago es que está profundamente e históricamente influenciado por el idioma español.




VERÓNICA IRIARTE ES URUGUAYA Y BIÓLOGA MARINA. HACE SEIS AÑOS QUE VIVE Y TRABAJA EN LAS ISLAS MALVINAS


"¡Poocha che!"

Podrías pensar que estas dos palabras juntas -una expresión de sorpresa o disgusto (poocha o pucha) hacia una persona (che)- solo las escucharías en rincones de Argentina o Uruguay.


Pero no.

También las puedes oír o leer mezcladas en un tipo de inglés del hemisferio sur: el de las islas Malvinas.


Como en esta publicación del museo local Falkland Islands Museum & National Trust:


Bueno che, íbamos al campo para el evento de celebración de dos días cuando el auto se hundió en el lodo, así que nos detuvimos para tomar un refrigerio a media mañana y tomamos dos Budweisers de la caja, ahí fue cuando todo terminó mal. ¡Pucha, che!

Desde la ocupación inglesa en 1833, las islas -que en 1982 fueron escenario de una guerra entre Argentina y Reino Unido por su soberanía- estuvieron continuamente habitadas por hablantes de inglés.




Eso hizo que este territorio en el Atlántico sur tenga su propia variante de inglés denominada Falkland Islands English (FIE).

Lo curioso del inglés del archipiélago es que está profundamente e históricamente influenciado por el idioma español.

¿Por qué sucedió esto?, ¿y cuán presente está el español en las islas hoy?

"Hay una curiosidad [de los locales] por el idioma español", afirma a BBC Mundo Kenyo Kalu, un joven venezolano-peruano que trabaja en un bar de las islas.
Interacción

Los desarrollos de los últimos siglos convirtieron al español y al inglés en los dos idiomas poscoloniales más hablados actualmente en todo el mundo, señala el libro English and Spanish, World languages in interaction ("Inglés y español, lenguas mundiales en interacción") de 2022 de la editorial Cambridge University Press.

Y curiosamente la interacción entre ambos se da en Malvinas.

"Montura", "asado" y "vino" son algunas de las 168 palabras en español y sus adaptaciones que existen en el inglés de Malvinas, según recoge una reciente investigación de la lingüista uruguaya Yliana Rodríguez.

"No hay un español de las islas, pero llama la atención las palabras que el inglés de las islas ha tomado del español", le dice a BBC Mundo la profesora de la Universidad de l




República, de Uruguay

LA LINGÜISTA YLIANA RODRÍGUEZ JUNTO A SU HIJO DURANTE SU INVESTIGACIÓN SOBRE EL ESPAÑOL EN LAS ISLAS MALVINAS

La experta asegura que el español ha colaborado en la configuración de la cultura y la lengua oficial del archipiélago.

Pero el inglés de las islas no solo tomó prestadas palabras del español, sino que también las transformó y las hizo propias.

Un ejemplo típico de este préstamo léxico es la palabra para referirse a la zona rural, a la que se conoce como camp y que deriva del español campo, en vez de usar countryside en inglés.
¿Cómo llegó el idioma español a las islas?

Cerca del 20% de las entradas del diccionario del FIE son préstamos del español, estiman investigadores lingüísticos.

Y muchas tienen que ver con la permanencia de los gauchos en las islas.

Ellos eran hombres con grandes habilidades y experiencia en las tareas de manejo del ganado que habitaron Argentina, Uruguay y Rio Grande do Sul (Brasil) en los siglos XVIII y XIX.

En la actualidad, en Uruguay y Argentina, a los campesinos experimentados en ganadería se les llama gauchos.


Durante el siglo XIX, varios gauchos de la zona del Río de la Plata viajaron a las islas para trabajar con el ganado. Esto generó un contacto estrecho entre el idioma español e inglés.

Así lo detalla el sacerdote uruguayo Mario Luis Migone, quien vivió en las islas por más de 30 años a principio de siglo XX, y que Yliana Rodríguez destaca en su estudio.

"Todos los aperos del caballo, así como los colores de su pelo, son designados en castellano y pronunciados por todos los kelpers [nombre que se les da a los isleños debido a las grandes algas marinas llamadas kelp -quelpo en español- que rodean las islas], así como por los dueños y administradores de estancias, en la misma forma que en la Argentina", escribió Migone.



"Los nombres equivalentes en inglés son enteramente desconocidos aquí, donde solo se dice freno, recao, bozal, manea, cojinillo, cincha, sobrecincha, etc.; así como se usan las palabras zaino, manchao, ovejuno, gateao, tostao, etc., para designar a los caballos según el color de su pelo", añadió.

En la actualidad, el Historic Dockyard Museum de las islas tiene una sección dedicada a la herencia gaucha.


ENTRADA A LA SECCIÓN HORSE GEAR DEL HISTORIC DOCKYARD MUSEUM DE MALVINAS



LA MAYORÍA DE LOS ELEMENTOS DE LA MONTURA DEL CABALLO EN MALVINAS TIENEN LOS NOMBRES EN ESPAÑOL, COMO FRENO, RECAO, BOZAL

Los préstamos del español están adaptados a la fonología inglesa, lo cual es razonable ya que pasaron casi 200 años desde el inicio del contacto entre los dos idiomas.

Un ejemplo es palenkey, que surge de la palabra palenque.

A finales del siglo XIX, la ganadería fue reemplazada por ovejas, haciendo que el trabajo del gaucho fuera innecesario en las islas. Entonces los caballos fueron reemplazados por camionetas 4x4.

Como consecuencia, el uso de esas palabras del idioma español se fue debilitando con el tiempo.

La huella de los gauchos

La influencia de los gauchos en las islas dejó una huella en el idioma inglés e incluso en el territorio.
ALGUNOS EJEMPLOS DE LA HERENCIA QUE DEJARON LOS GAUCHOS EN LOS TOPÓNIMOS EN LAS ISLAS MALVINAS

Muchos de los lugares de las islas llevan nombres en español.

Principalmente son lugares del interior de las islas con más presencia en el este que en el oeste y pueden reflejar la orientación, delimitación y ordenación de terrenos con fines de práctica ganadera, señala Rodríguez en su investigación.

"Boca", "Dos Lomas", "Rincón de los indios", "Piedra Sola", "Los Cerritos", "Campito" y "Bombilla" (pronunciado con la 'ye' rioplatense) son algunos de ellos.

Incluso el nombre "Cerro Montevideo" hace clara referencia a la presencia de gauchos uruguayos.

También, están aquellos que resultaron en nombres híbridos como Poncho Hill, Malo Creek y Chancho point.

A mediados del siglo XIX se fundó un establecimiento en las islas para producir carne salada bajo el nombre Hope Place. Sin embargo, localmente es conocido como "Saladero" y hasta los carteles de las carreteras así lo indican.





IMAGEN DE UN LETRERO DE RUTA EN LAS ISLAS DONDE APARECE EL NOMBRE EN ESPAÑOL "SALADERO" EN LUGAR DEL NOMBRE ORIGINAL "HOPE PLACE"

Durante sus dos visitas a las islas Malvinas en 1833 y 1834, el naturalista Charles Darwin describió a los gauchos en sus registros y escribió sobre "Rincón del Toro", que luego sería reemplazado por el nombre de Port Darwin en honor al científico.
"Guerra lingüística"

Existen dos principales subgrupos de topónimos en el español en las islas, según la clasificación de la profesora Yliana Rodríguez.

Por un lado, los que resultaron de la influencia de los gauchos y aparecen en los mapas locales de las Malvinas, que son unos 222.

Y por otro, los acuñados y utilizados por los sucesivos gobiernos argentinos, que son unos 686, pero que son rechazados en gran medida por los habitantes de las islas.


Los nombres de lugares suelen jugar un papel crucial cuando se trata de la construcción e identidad nacional.

Para Rodríguez existe una "guerra lingüística sobre el nombre del archipiélago" y habla de la M Word (la palabra M que no se debe pronunciar) en referencia a "Malvinas".

"La mayoría de los isleños son conscientes de que el topónimo Malvinas es utilizado en toda América del Sur; sin embargo, el nombre aún provoca malestar en la comunidad", por el reclamo de soberanía de Argentina, señala.


Incluso reproduce las recomendaciones del gobierno local al pisar suelo isleño de no usar Malvinas para referirse a las islas ya que "no es la traducción en español o portugués" del archipiélago.

Vale decir que "el nombre Islas Malvinas proviene del topónimo îles Malouines, el nombre que el almirante y explorador francés Louis Antoine de Bougainville dio a las islas en 1764".

"Es sorprendente que la palabra Malvinas siga siendo tan conflictiva 40 años después" de la guerra, opina Rodríguez.


Pago general en #Malvinas por un favor "¡caja de cerveza che!" ¡Un buen regalo frente a nuestra puerta! Ahora, de quién es... (¡espero que haya sido realmente para nosotros!).

Quizás lo más llamativo es el uso de la palabra "che" y sus derivados en el inglés de las islas.

"Chay/Chey/Ché: originario de la Patagonia, ché es la palabra indígena sudamericana para amigo u hombre. El significado local es muy similar, como en See you later, chay ("Hasta luego chay")", define el Diccionario del Vocabulario de Falklands.

"El caso de chei lo que tiene además de colorido es que ellos lo identifican como algo propio, un indicador de localía y de reconocimiento. Si alguien te dice: how are you doing chei? ('¿Cómo estás, che?'), te está tratando de isleño", describe Rodríguez a BBC Mundo.
Qué se habla en las islas hoy

En la actualidad, en las islas Malvinas viven poco más de 3.300 personas, según el censo de 2016, la mayor cantidad de habitantes en toda su historia.

Sus residentes son de al menos 60 nacionalidades diferentes y el 12 de marzo celebran el Día de la Multiculturalidad.


Los inmigrantes de habla hispana, en su mayoría chilenos, son una parte importante de la población de las islas.

"Si bien el inglés es la lengua oficial, el español es la segunda lengua más hablada en términos numéricos en las islas", afirma Rodríguez a BBC Mundo.

El español lo habla el 42% de la población y el 11% de los isleños lo practica en sus hogares, según el censo de 2016.


"Podríamos decir que es la lengua no oficial más hablada. Pero mis observaciones indican que uno no va a oír español caminando por allí. Hay una condena social, según los hablantes del español, al hablante de español en público", asegura Rodríguez.

"Ellos oyen el español y ven que se materializa el conflicto", asegura.

Según analiza Rodríguez, el contacto actual con los hispanohablantes no parece haber prestado al inglés muchas palabras como sí sucedió antes con los gauchos.

Esto puede responder al hecho de que la mayoría de los hablantes del español dominan el inglés y no se necesita el español en público.

KENYO KALU ES VENEZOLANO-PERUANO Y VIVE EN LAS ISLAS

Kenyo Kalu observa que, mientras atiende en un bar de las islas, aparece el interés de muchas personas locales por hablar el español.

"Me he dado cuenta que a los isleños les llama la atención el lenguaje, entonces pasa mucho que vienen algunos y te hablan en español, quizás un español un poco forzado, pero lo quieren hablar", describe este venezolano-peruano a BBC Mundo.
El idioma de la pesca

Las industrias más importantes de las islas Malvinas son el turismo y la pesca.

Curiosamente, el idioma común en la pesca es el español. Esto se debe a que la explotación pesquera está en manos de capitales españoles en conjunto con ingleses.

"El español es muy necesario. Los propios isleños lo reconocen como una ventaja sobre todo para aquellos que quieren trabajar en turismo y en la pesca", dice la lingüista Rodríguez.

Verónica Iriarte es bióloga marina y trabaja en el Departamento de Pesquerías del gobierno de las islas específicamente en la mitigación de la mortalidad de aves y mamíferos marinos.



VERÓNICA 
IRIARTE ES BIÓLOGA MARINA Y DICE QUE EL IDIOMA ESPAÑOL ES CLAVE PARA SU TRABAJO EN LAS ISLAS MALVINAS

Esta uruguaya cuenta que se mudó a Malvinas en 2016 para trabajar como observadora en los barcos pesqueros y que "saber español fue clave" porque "el idioma oficial de los barcos es el español".

"Lo más interesante de la flota pesquera es que la mitad son españoles entonces el capitán, los oficiales y los cargos de mando hablan español. Y la tripulación que es de Perú, Indonesia o de partes de África, termina aprendiendo español", describe Iriarte a BBC Mundo.
Aprender español

El idioma español se enseña en las islas tanto en la escuela como particularmente.

Los isleños consideran al español esencial para sus futuras vidas laborales, particularmente aquellos interesados en el turismo y la pesca.

Así lo confirma el traductor y profesor de español particular Miguel Barrientos.

Él llegó a las islas en 2004 para trabajar en un pequeño instituto de idiomas y nunca más regresó a vivir a su Chile natal.



"Tengo alumnos que van desde los 20 a los 50 años y varios de ellos trabajan en la industria del turismo y la pesca", le cuenta a BBC Mundo.

Barrientos relata que, además de sus trabajos como profesor y traductor, también oficia de intérprete para la policía o la justicia local cuando se necesita.

Y afirma que nunca tuvo problemas en hablar su lengua materna en las islas.

"La mayoría de la gente sabe que soy chileno y que mi trabajo es hablar en español. Entonces sería ridículo que alguien me diga algo", afirma.

Pero "también es verdad que hay gente que vivió el conflicto con Argentina y escuchar el español les molesta cuando ellos están en medio de la conversación", apunta.

La bióloga Iriarte coincide en parte con Barrientos.

"Jamás tuve problemas en hablar en español", dice.

"Nunca valoré tanto el español como cuando empecé a trabajar acá. Si yo no hablara español, no sé qué haría", asegura.

domingo, 30 de octubre de 2022

LA LEY DE JUBILIACION ANTICIPADA PARA VETERANOS BONAERENSE.



“La ley de jubilación anticipada para veteranos bonaerenses no aplica a represores, genocidas ni sediciosos, o los procesados por estos delitos”

"No hay que apuntar contra todo el colectivo por una persona"










El jueves 27 de Octubre pasado (2022) la legislatura porteña, gracias al incansable labor de la Federación de la Veteranos de Guerra de la Provincia de Buenos Aires, consolidó un anhelo de casi medio centenar de Veteranos de la Gesta de Malvinas, oficiales y suboficiales -denominados “cuadros”- relativo a la posibilidad de jubilarse de manera anticipada tal cual lo hacen todos los VGM, y así terminar con una injusta discriminación, lamentablemente motorizada por un grupúsculo de ex combatientes “muy cercanos al poder”, “que trabajan en las cámara de diputados y senadores, que están muy bien económicamente y tienen un odio visceral hacia las Fuerzas Armadas”.



Ante este nuevo logro colectivo de la Federación de Veteranos bonaerenses, entrevisté al presidente de dicho organismo, el VGM Ramón Robles, para que nos comentara no solo de qué trata la consolidación de este derecho para más de 400 veteranos, y si eran ciertas las operaciones mediáticas que circulan buscando que, por un caso aun no resuelto en la justicia de una persona procesada, se le quite un derecho a cientos de hombres de bien, que lucharon por la patria en la gesta de Malvinas.



-Cada * lleva a un link-


↓ ENTREVISTA ↓


PROYECTO APROBADO*


Jubilación anticipada de 400 combatientes ¿Qué significa este logro para ustedes?


Cuando nosotros trabajamos en la Ley 12.875*, que fue la primera jubilación que conseguimos en la provincia de Buenos Aires con tiempo anticipado, quedaron afuera de ese beneficio 400 compañeros que en su momento habían sido personal de las Fuerzas Armadas, que habían sido dados de baja o expulsados por pensar diferente a los mandos del ejército, y el estado provincial los cobijó dándoles el mismo trabajo que nos daba a nosotros. Entonces nos parecía discriminatorio que, si el estado provincial ya los había incorporado al trabajo, que no se pudieran jubilar como los demás jubilamos ex soldados y civiles.



Empezamos a trabajar en el proyecto de ley hace 7 u 8 años, se cayó el proyecto, lo volvimos a levantar con el diputado Fabio Britos*. Con mucho acuerdo con la banca de diputados logramos que en mayo le diera media sanción en la Cámara de Diputados bonaerense. Faltaba pasar a Senadores. Trabajamos con senadores y logramos que, gracias a mucho apoyo de Verónica Magario*, que es amiga mía de La Matanza*, se tratara sobre tablas en la última sesión y a las 15.35 del jueves se convirtió en Ley.



Estamos esperando los 30 días para que el gobernador lo promulgue, salga en el Boletín Oficial y esperamos que en enero nuestros compañeros puedan presentar la documentación para iniciar la jubilación y poder jubilarse como se jubilan los ex soldados.



Con esto está zanjada la grieta que había, porque si bien nosotros tenemos una ley de pensión provincial diferente a la que tienen los cuadros, por lo menos sabemos que ellos también tienen una ley de pensión. Nosotros tenemos una ley de jubilación y ellos también tienen una ley de jubilación. Acá se cerró la grieta, se cerraron los reclamos. La provincia dio un broche de oro cumpliendo con la Constitución de la provincia en el Art 36 inc10*, que dice que se bregará por todos los veteranos de guerra.


¿A qué se debía esta discriminación con estos aproximadamente 400 veteranos?


A un tema político más que nada. Hay un sector de compañeros que viven en La Plata (Cecim)*, que trabajan mucho en la Cámara de Diputados y de Sensores, que están muy bien económicamente y no miran para el interior de nuestra provincia, y tienen un odio visceral hacia las Fuerzas Armadas, y los meten a todos en la misma bolsa. Una cuestión totalmente injusta; porque estas personas que a partir esta ley podrán jubilarse como los demás veteranos bonaerenses, que fueron investigadas, que no tienen delitos de lesa humanidad, ni actos en Malvinas, no tienen problemas con la justicia, entraban en esa bolsa. Y estos compañeros (Cecim*) se dedicaron a poner palos en la rueda, acusar falsamente, sacar fake news en los diarios de La Plata y caminar el senado y la cámara de diputados de la provincia llenándole la cabeza a las autoridades para que no saliera esta ley.



Por suerte, en esta oportunidad, las autoridades de las Cámaras tomaron en cuenta el trabajo que viene haciendo esta Federación hace más de 25 años, nuestro trabajo de Malvinas en los colegios, en nuestros museos, en los centros a los que representa la Federación y pusimos blanco sobre negro para que nuestras autoridades vieran que la única organización en la Provincia que aglutina al 95% de los veteranos de guerra es la Federación de la Provincia de Buenos Aires, y que está constituida por casi 40 centro de combatientes. Y estos muchachos (Cecim*) son un centro pequeño, que tienen 50 afiliados, pero están muy cerca del poder y tenían ese poder de veto ante cualquier proyecto que presentara nuestra Federación.


¿Estos 400 combatientes que tendrán acceso a la jubilación que dicta esta ley no tienen vinculación con la asquerosa y genocida dictadura?


Las personas que ya están trabajando en la Provincia de Buenos Aires, para ingresar ya la misma provincia le pide este tipo de documentación, donde que estuvieran libres de toda acusación. Nosotros, en la ley, acentuamos y explicitamos que incluso no pudieran tener ni acusaciones sobre delitos contra la democracia y el orden institucional. O sea, si alguno de estos muchachos hubiera participado en los alzamientos, los de Semana Santa, o en cualquier otro, y están procesados, tampoco van a poder gozar de este beneficio (Art3*). Además del delito de Lesa Humanidad, le pusimos delitos en Malvinas y delitos contra la Democracia.



Yo lo que quiero puntualizar es que, por ejemplo, un soldado conscripto se jubila con 20 años de aportes y, de esos 20, con que tenga 5 en la Provincia es suficiente para jubilarse y sigue pagando hasta los 30 años y se jubila. En cambio, los que entrarían en esta nueva ley, para poder jubilarse, tiene que haber aportado 10 años en otro sector y 10 años en la provincia, el doble de lo que tenemos que aportar los soldados. Además, los nuevos jubilados lo harían con el último sueldo más alto que tengan. Es importante aclarar que no se van a jubilar los 400 ahora, sino que será paulatino. Creo que solo 100 tendrán la posibilidad el año que viene.


Te pregunto esto porque el sector que vos nombrás, mediáticamente, salieron a decir que la legislatura porteña había sancionado una ley de jubilación anticipada para “militares represores y torturadores”* y pidieron al Alex Kicillof que vete la Ley*. ¿Es verdad que este tipo de personas pueden ser alcanzadas por esta ley, cuantos serían en el caso de que existan estos casos?



Dentro de los que ellos citan, hay dos personas juzgadas –una condenada y la otra no sé en qué instancia judicial se encuentra- que no trabajan en la provincia de Buenos Aires, que sí reciben el beneficio de la pensión de la Ley 12.006*, que mientras ellos hacen estas denuncias mediáticas, nuestra institución presento una denuncia a las autoridades del IPS para que le revoquen la pensión*, y no cobren. Eso en cuanto a esos dos militares que ellos “denuncian” en los medios. Y sobre esto debe quedar claro que estos dos militares no son ni pueden ser nunca acreedores de la pensión, y no trabajan en la provincia de buenos Aires.



Hay otra persona que ellos también la señalan que hace 20 años trabaja en la provincia de Buenos Aires y es asesor de un legislador, esa persona está procesada, no está condenada, y como bien dice Ley, mientras dure el proceso esa persona no se puede jubilar. No le corresponde la jubilación. Ahora, nosotros no somos un organismo de control de la provincia de Buenos Aires. Es la provincia quien tiene que controlar a quien le paga o no la pensión provincial. La Fiscalía de Estado



Si estos dos torturadores que te nombré al principio están cobrando la pensión, es culpa de la Fiscalía de Estado, que no pidió la documentación que correspondía. Y si este señor último (Pierri), que está procesado por una causa contra Dario Gleriano, se jubila y recibe el beneficio de esta nueva ley, es porque fiscalía de estado le va a dar el sí. Acá hay que ver como son los controles de la provincia y del IPS. No hay que apuntar contra todo el colectivo por una persona. Dejemos en claro, que deberíamos cambiar la forma en que controla el IPS para dar las pensiones y las jubilaciones. Hoy cualquier torturador que hace trámite en el ANSES para cobrar una pensión automáticamente lo dan de baja porque cruzan datos.



Por lo que te comento, es totalmente falaz lo que dicen estos muchachos, a los que habría que preguntarle, cómo puede ser que muchos de ellos, habiendo trabajado años en un organismo nacional, luego trabajan un tiempito en un organismo provincial, y se jubilan con suculentos sueldos.



Nosotros no defendemos a nadie en particular, pero ellos antes de hablar debieran mirar sus pasos* y el árbol que tienen en frente.

sábado, 29 de octubre de 2022

RECONOCIMIENTO A LOS HEROES DE MALVINAS EN CORDOBA


Por primera vez, los veteranos de Malvinas tendrán sede propia en Córdoba

El intendente Martín Llaryora anunció que le solicitará al Concejo Deliberante la autorización correspondiente para donar la Casa de Veteranos, un inmueble que funciona en comodato desde el año 1997.
 



Al cumplirse los 25 años de la Casa del Veterano de Guerra de la Provincia de Córdoba, el intendente de la Ciudad, Martín Llaryora, anunció que el Ejecutivo le solicitará al Concejo Deliberante la autorización correspondiente para donar el inmueble donde la institución funciona en comodato desde 1997.

La propiedad, que originalmente había sido otorgada por el intendente Rubén Américo Martí, el comodato se encuentra vencido desde el año 2017.

Por lo cual, y en reconocimiento por la gesta heroica de los excombatientes, el jefe comunal anunció la donación de la propiedad ubicada entre las calles Tiziano Vecellio y Bartolomé Esteban Murillo, de barrio Jardín Hipódromo.

“Ya pasaron 25 años del comodato, y lo natural es que se reanude, pero yo le pido a los concejales darles la donación para que esta casa quede definitivamente como un emblema de la defensa de Malvinas, donde se reúnan nuestros héroes cordobeses, y quede encendida para siempre la llama de la soberanía, porque las Malvinas son y serán Argentinas», sostuvo Llaryora en un acto.

«Todos los vecinos tienen que conocer nuestra casa, hablar y escuchar las historias de nuestros camaradas, que la aprovechen porque nosotros somos protagonistas de una guerra contemporánea», resaltó por su parte César García, presidente de la Comisión ExCombatientes de la República Argentina.

Además, se hizo presente el viceintendente Daniel Passerini, quien reconoció con honores la lucha de los excombatientes, declarando así, el nuevo nombre que llevará la plaza contigua a la casa. “Hace pocas semanas falleció un soldado muy respetado y querido por todos. Es por eso que esta plaza se llamará Raúl Rolando Allende”.

Con orgullo, Alejandro, el hijo del soldado homenajeado, expresó: «Tuvimos la grata sorpresa de que este espacio verde va a llevar el nombre de mi padre que no me lo esperé nunca y mucho menos en Córdoba Capital, porque somos oriundos de un paraje cercano a Mina clavero.”

Cabe recordar que la Municipalidad de Córdoba llevó a cabo diversas acciones en la ciudad en el marco del aniversario por los 40° aniversarios del Conflicto de Atlántico Sur.

Se destacan la incorporación del nombre “Héroes de Malvinas” a la plaza de la Intendencia, la entrega de placas de reconocimiento, la creación de un régimen de beneficios sociales y exenciones impositivas, la institucionalización de la expresión “Héroes de Malvinas” en el ámbito de la ciudad, inclusive diversas actividades artísticas conmemorativas.

sábado, 8 de octubre de 2022

"LIBRO "MISION CUMPLIDA"





VETERANOS DE GUERRA DE MALVINAS PRESENTAN EL LIBRO "MISION CUMPLIDA": "SE NUTRE DE LOS RELATOS DE TODOS LOS INTEGRANTES QUE PUDIMOS CONTACTAR"

Julio César Gatti, ex combatiente de la Guerra de Malvinas, visitó los estudios de Radio 10, para contar su experiencia durante el conflicto y brindar detalles de la presentación de un libro. AUDIO DE LA NOTA EN RADIO 10.




Embolver el link y buscar en google, para escuchar el audio

https://soundcloud.com/jorge-rubio-575565018/julio-cesar-gatti-presentacion-del-libro?utm_source=clipboard&utm_medium=text&utm_campaign=social_sharing


El ex combatiente de Malvinas, Julio César Gatti, habló en Posturas por Radio 10, sobre su experiencia en el conflicto bélico.

"Nos formamos por las luchas de las pensiones de Malvinas, estamos abiertos a todos los veteranos. Tenemos una oficina en el entrepiso del Mercado Municipal. Soy suboficial mayor, Julio César Gatti, pertenecí a la primera cuadrilla de helicópteros. Ahora tenemos la presentación de un libro de esta cuadrilla. El libro detalla la historia de la cuadrilla en 1982".

"Estuvo desplegada en todos los ámbitos. En el 82 operaban dos tipos de helicópteros. En el momento que se desatan los hechos, estábamos en la Antártida. Participé de varios rescates y estuve en combate. En mi experiencia profesional, puedo decir que dimos lo que teníamos que dar, estábamos formados para eso. En la emergencia supimos que hacer", afirmó Gatti.

Por otro lado, habló del hundimiento del Crucero Belgrano: "Fue un domingo a las cuatro de la tarde. Estábamos a la altura de Puerto Madryn. Llegamos el martes a la mañana y el Belgrano tardó media hora en hundirse. Llegamos dos horas después y rescatamos 78 sobrevivientes".

Otro de los temas de los que habló, fue de los soldados continentales: "No tengo nada en contra de los soldados continentales. Cuál es el problema que surgió, es que en un primer momento, fueron a por el reconocimiento como veteranos de guerra. Nadie les quita el derecho de soldados movilizados. Pero el problema es la palabra veterano de guerra".

Por último, brindó más detalles del libro que se presentará el 27 de octubre a las 19 horas en el Centro de Gestión Cultural: "Está escrito por un piloto de helicópteros, Pablo Loubet, en colaboración con un compañero de él. Se nutre de los relatos de todos los integrantes de la cuadrilla que pudimos contactar".


viernes, 7 de octubre de 2022

LOS COMERCIANTES DURMIERON EN EL MERCADO MUNICIPAL BAHIA BLANCA




Los comerciantes durmieron en el Mercado
6.10.2022 | 20:20





Los comerciantes del Mercado Municipal se mantienen firmes en su negativa de desalojar los locales y se quedaron este jueves a dormir en el espacio.

En el lugar hay unas 70 personas, pues a los comerciantes se sumaron algunos de sus familiares.


La medida de clausurar el lugar, implementada por el Municipio el miércoles debido a un informe de la UTN que advierte de riesgos de seguridad, tomó por sorpresa a los 21 comerciantes que ahora se niegan a abandonar los locales.

Pasadas las 21, un escribano enviado por la Comuna constató el cierre de las puertas del Mercado, aunque hasta último momento, la del frente permanecía abierta, debido a la decisión de los encargados de los locales de pasar la noche allí.

“Vamos a quedarnos hasta que nos digan qué es lo que se hace. No tenemos ninguna respuesta. La directora mandó a un escribano para constatar el cierre de las puertas”, refirió José Copita, uno de los propietarios de un local, en conversación con la redacción de La Brújula 24.

Copita detalló que los locales trabajaron normalmente y que en ningún momento del día se acercaron funcionarios de la Municipalidad o la directora del Mercado.

“No apareció nadie, ni para decirnos a ver qué hacemos, juegan con nuestras fuentes de trabajo, con nuestra salud, porque esto genera un estrés, ya que no sabemos cómo va a terminar, aunque esperamos que termine bien y que haya una pronta solución”.

Más temprano, Cristian Ramos comerciante dueño de El Pollo Loco, había enfatizado la decisión de permanecer en el mercado: “Hasta que no vengan y hagan las cosas como corresponde el mercado va a seguir abiertos. No nos vamos a ir. La vamos a bancar, somos un montón, van a tener que venir varios para sacarnos, estamos dispuestos a todo”, dijo a La Brújula 24.


La protesta comenzó cortando la calle Donado frente a uno de los accesos al Mercado, luego mantuvieron la atención al publico dentro de la edificación y ahora permanecerán en el lugar toda la noche.

Fuentes municipales indicaron más temprano que si no desalojaban iba a iniciar acciones legales, porque el edificio debe ser liberado debido a que ya se firmó el decreto que oficializa la medida, basado en el informe de la UTN.

Por otra parte, en un reunión entre un representante de la Municipalidad y los Concejales del Frente de Todos, reclamaron “fuertemente la falta de empatía con las personas y el trato deshumanizado que tuvieron”, afirmó la concejala Analía López en conversación con La Brújula 24.

“Quedaron en enviarnos el informe de la UTN, que dijeron es grave y nosotros pedimos se le dé urgente solución a la situación laboral de todos los que trabajan ahí. Según (Germán) Baratelli (director de articulación público-privados) el Municipio tiene intención de poner en valor el edificio, de manera de garantizar condiciones de seguridad e higiene para todos los que concurran. Obvio, eso va a llevar tiempo”.

viernes, 23 de septiembre de 2022

IMPULSAN UN PROYECTO DE "REPARACION HISTORICA DE MALVINAS



Congreso: impulsan un proyecto de “Reparación Histórica de Malvinas”



La iniciativa busca otorgar la Reparación Histórica de Malvinas para personas que fueron "incorporadas como soldados al servicio de conscripción" y participaron en la guerra.

La iniciativa busca otorgar la Reparación Histórica de Malvinas para personas que fueron "incorporadas como soldados al servicio de conscripción" y participaron en la guerra.



Diputados nacionales del Frente de Todos presentan un proyecto de ley, para la “Reparación Histórica de Malvinas” en beneficio de quienes en cumplimiento de la Ley de Servicio Militar Obligatorio participaron del conflicto bélico de 1982.

El proyecto impulsado por el excombatiente Aldo Adolfo Leiva, establece el beneficio de “reparación histórica malvinas” para las personas que “fueron incorporadas como soldados al servicio de conscripción” y participaron en el conflicto del Atlántico Sur entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, en “efectivas acciones de combate en el Teatro de Operaciones Malvinas (TOM), en las Islas Georgias y Sándwich del Sur, o entrado efectivamente en combate en el área del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS).



Con la iniciativa, también se contempla beneficiar a los civiles que se encontraban cumpliendo funciones de servicio o apoyo en estos lugares que no sean específicamente las Islas Malvinas durante la contienda bélica con Gran Bretaña.


La normativa, que se presentará esta tarde en el Salón Blanco del Congreso de la Nación, cuenta con el apoyo de organizaciones que nuclean a los exsoldados conscriptos combatientes en Malvinas que integran la Mesa de Coincidencias Malvinas (Mecoma), entre ellos, el Centro Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (Cecim) y el Centro de Veteranos Ex Combatientes Islas Malvinas de Berisso (Cevecim).

“La aprobación de este proyecto implicará un poco de alivio para quienes todavía estamos vivos y para quienes no están pero que sus familiares habrán de reivindicarlos para poder decir que se ha podido pagar de una vez y para siempre la deuda que tenía el Estado Argentino y para ayudar a cicatrizar un poco más esa herida tan profunda que nos dejó la guerra”, explicó Leiva.
Reparación Histórica de Malvinas: de qué se trata

Entre los fundamentos del proyecto de reparación Histórica de Malvinas se destaca el objetivo “de atender una de las asignaturas pendientes de la democracia con quienes siendo muy jóvenes fueron actores principales en el conflicto armado“.
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En ese sentido, se estableció que el monto de la reparación Histórica de Malvinas será equivalente al valor de “104 jubilaciones mínimas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA)“, el cual se abonará en “24 cuotas consecutivas y actualizadas según el Artículo 32 de la Ley 24.241 de movilidad jubilatoria“.

Según explicó Leiva, que con 19 años participó de la guerra como integrante del Regimiento 4 de Monte Caseros de Corrientes, el proyecto de ley “Implica reparar lo que el Estado en su momento no hizo con los soldados y civiles que participamos del conflicto”.



Tolosa Paz y Leiva, los autores de la iniciativa Reparación Histórica Malvinas.

“La vida me dio la posibilidad de acompañar esta iniciativa de la diputada Tolosa Paz y hacer todo lo que está a nuestro alcance para que se convierta en ley, para que esa reparación Histórica de Malvinas pueda llevarse a la práctica y se cumpla con lo que el Estado nunca debió dejar de hacer, que es, estar presente junto a esos jóvenes que fueron a cumplir con la ley”, sostuvo el veterano de guerra y legislador.

Por otra parte, es importante distinguir que la iniciativa de los diputados del Frente de Todos reconoce las secuelas físicas y psicológicas que impactaron en excombatientes de Malvinas y sus familias, de tal magnitud, que “se estima que existieron la misma cantidad de bajas producidas en la guerra que en la posguerra”.

Al respecto, Leiva rememoró que “fue un tiempo en el que fuimos desconocidos, no por la sociedad argentina, el pueblo o nuestras familias que nos contuvieron, sino por un Estado que brilló por su ausencia”.


El texto del proyecto de la reparación histórica de malvinas hace alusión a esa falta de políticas públicas, atención y contención por parte del Estado, especialmente en el período inmediatamente posterior a la guerra y extensible por diez años conocido como “proceso de desmalvinización“.

“Creemos necesario que el Estado Argentino tenga un reconocimiento especial que reconozca los 10 años en los cuales los exsoldados combatientes estuvieron desamparados en el marco de la conmemoración de los 40 años del conflicto bélico incorporando a este proyecto un universo de personas que también sufrió las consecuencias de ese conflicto”, fundamentaron los autores del proyecto de reparación Histórica de Malvinas.

domingo, 18 de septiembre de 2022

RAMON ROBLES: MALVINAS ES LA UNIDAD DE LA POBLACION ARGENTINA



"Malvinas, 40 Historias", un programa de radio




Ramón Robles, ex soldado del Grupo de Artillería Aerotransportado 4, presidente de la Confederación de Combatientes de Malvinas de la República Argentina y de la Federación de Veteranos de Guerra de la Provincia de Buenos Aires, fue entrevistado en Radio Gráfica a 40 años de la Guerra de Malvinas. 

Habló sobre la organización de quienes lucharon en las Islas Malvinas, sus recuerdos de sus compañeros y su última visita a Malvinas en 2007, donde izaron la bandera y generó revuelo entre los habitantes usurpadores.



Lucas Molinari: ¿Cómo estás viviendo los 40 años?

Ramón Robles: Podríamos decir que lo vivimos en un sube y baja. Nosotros estuvimos trabajando bastante tiempo con Agustín Rossi, cuando fue Ministro de Defensa, en un acto único y general en Buenos Aires. De hecho, habíamos armado una mesa que se llamaba “Comisión de Malvinas”, donde confluían los distintos factores de poder.

Al momento de ir llegando a la fecha, Rossi se tuvo que ir, cambió la política e influenció un sector que por ahí no está de acuerdo con la temática de la confederación. El Presidente decidió que no se hiciera un acto central y que se hiciera en las distintas provincias y distintos municipios. Creyendo que con eso por ahí a nosotros nos perjudicaba como confederación, como única organización nacional, pero por otro lado tenemos que agradecer porque nos beneficia en demasía.

Los actos fueron multitudinarios en cada rincón del país, en cada pueblito, en cada provincia se homenajeó o se hizo un acto, salvo en la Provincia de Buenos Aires, que nunca en 40 años hizo un acto por Malvinas. Nosotros tenemos 135 municipios en la provincia de Buenos Aires. En los 135 municipios hubo un acto del 2 de Abril y uno más masivo que el otro.

Nos benefició que el gobierno haya decidido no hacer un acto central en la calle, con todos los soldados, con el recibimiento del pueblo y hacerlo súper exclusivo dentro del Museo Malvinas, donde la temática Malvinas no es la que pasó o la que vivimos los que estuvimos cara a cara con el enemigo.

LM: Con los compañeros veteranos hablamos del tema del desfile, que de hecho en el Bicentenario lo hemos hablado con Juan Quiroga de Avellaneda, que él fue uno de los que irrumpió y pateó las vallas para decir “tenemos que marchar los veteranos” y fueron aplaudidos por un montón de gente que estaba allí en el 2010. Después en la época de Macri hubo un desfile, pero el tema del desfile ¿es algo querido por muchos de los veteranos de guerra?

RR: Lo que pasa es que nosotros cuando termina la guerra, volvemos por tanda. Los 4.166 soldados bajamos del Canberra en Puerto Madryn. Ahí no fuimos recibidos, salvo la gente que desbordó a los militares de ese momento y nos atendió.

LM: El día que “Puerto Madryn se quedó sin pan”.

RR: Exactamente. El 19 de junio hubo un acto justamente en el puerto para conmemorar ese día. Durante tantos años siempre se esperó el gran regreso de todos los ex combatientes y que el pueblo lo recibiera. Si hay algo que tiene Malvinas es la unidad de la población argentina. Y a mucha gente eso le molesta.

Trabajan por la desmalvinización, trabajan por la victimización, descontracturar a los héroes y esa es la política que es para el Imperio más que nada. Si vos desmalvinizás y lográs que la gente deje de pensar en Malvinas o que no haya programas de radio como este, o que no haya compañeros que usen la remera de Malvinas, o murales, o todo lo que hemos logrado en estos 40 años, ellos hubieran triunfado.

Hoy nosotros le decimos que le ganamos la batalla a estos chicos que realmente querían que seamos antihéroes, hoy estamos orgullosos y algún día vamos a tener nuestro abrazo con el pueblo por la 9 de Julio. Lo podríamos haber tenido en el 2010, pero nuestros compañeros tuvieron que entrar con la bandera de prepo y nosotros nos quedamos afuera.

LM: Como diría San Martín “no somos empanadas que se comen de un solo bocado”. También Malvinas significa proyecto de país. Es decir, ¿Qué significa malvinizar? ¿Qué hace la Argentina, por ejemplo, por dominar su propio Mar Argentino? ¿Qué hace por la Antártida?

RR: Malvinas no es solamente la batalla de 1982. Malvinas tenemos que ver qué pasó después de 1982. Porque hasta ese entonces, las Islas eran un lugar inhóspito donde nadie quería ir, donde nadie quería estar y hasta los ingleses no le daban la importancia.

Hoy tiene una importancia relevante con el lineamiento hacia la Antártida y con el dominio del cruce del mar. Lastima que nuestro país, nuestros gobernantes, en 40 años se dedicaron a desmilitarizar el país. En vez de cambiar la cabeza de la gente que hizo tanto daño al país prefirieron destruir las organizaciones. Y hoy nosotros no estamos en condiciones de defender La Pampa. Menos vamos a defender la pesca.

Tenemos acuerdos que se han firmado dejando de lado la soberanía. El acuerdo que firmó Menem en 1989/90 y el acuerdo Foradori-Duncan, son dos acuerdos que a los únicos que benefician es a los isleños para que puedan explotar los recursos, seguir vendiendo las licencias para el petróleo, para la pesca y nosotros no podemos controlar ni la costa de Mar del Plata.

LM: En estos 40 años ¿Qué pasó con los gobiernos peronistas? ¿Qué pasa con los gobiernos peronistas?

RR: No pasa solamente con los gobiernos peronistas. Creo que la política en general vende una imagen hacia el pueblo y es otra la que usa con la lapicera. Porque nosotros, salvo en un contexto, creo que fue en el 2010, que estaba Cristina, puso a Malvinas en todos los foros internacionales y reivindicó la Causa. Se votaba a favor nuestro en todos lados e internacionalmente se estaba trabajando en ese tema. Pero, por ejemplo, tendrían que haber roto los acuerdos que había hecho Menem. Y en la época que está nuestro Presidente hoy tendría que haber roto los acuerdos Foradori Duncan, pero no lo rompen.

Juan Natalizio: Te quiero sacar de la actualidad para irnos a 1982. Cuando vos hiciste el servicio militar obligatorio, lo hiciste en 1981 ¿Tuviste una buena instrucción? ¿Cómo fue tu periodo previo?

RR: Me tocó el servicio militar en Córdoba voluntariamente. En esa época cuando vos te presentabas, habían distintas actividades que podías elegir. Elegí ser paracaidista. Cuando llegamos a la unidad, ser paracaidista no era poco pago. Había que tener una instrucción superior a cualquier otra instrucción que diera el ejército, la Marina o la Fuerza Aérea.

Además de hacer un curso de artillería, teníamos que hacer un curso de paracaidismo. La clase 62 que le tocó ir a Malvinas de mi unidad, estaba altamente preparada. La clase 63 había terminado el curso de artillería y estaba haciendo el curso de paracaidismo. Nosotros cuando vamos, nuestra unidad, estaba terminando de instruir a los compañeros de la clase 63.

LM: El paracaidismo ¿lo eligieron la mayoría?

RR: Era voluntario. Todo aquel que haya sido paracaidista en nuestra época es porque lo eligió. Y a Malvinas nuestra unidad fue porque lo eligieron.

JN: Leyendo sobre tu participación y algunos datos de la unidad vos tenias un gran amigo que es uno de nuestros héroes, Néstor Pizarro. Néstor se había lastimado, estaba internado en el hospital cuando se recuperan las islas Malvinas y ustedes van a hacer algo como para que vaya a Malvinas…

RR: Cuando nos formaron para preguntar quién quería ir y quién no quería ir, que de hecho el jefe de grupo, el teniente General Quevedo, dijo que “el que no quiera ir pase a la otra fila, no va a haber ningún tipo de consecuencia”. Pero que el que iba, sabía lo que iba a pasar. Uno de nuestros compañeros, Orlando Lasso, fue a ver a Néstor al hospital y le contó todo lo que estaba pasando.

Cuando estábamos formados apareció por el Puesto 1, se formó y se intercambió con otro compañero que no quería ir y allá fue. Recién en Comodoro se dieron cuenta que no estaba el otro compañero y que estaba Néstor.

LM: Se coló…

RR: Se coló.

JN: Siempre se dice que todos fueron sin saber dónde iban. Hubo unidades que sí sabían dónde iban y compañeros como Néstor Pizarro que se colaron en el avión para ir a Malvinas. Cuando llegás a las islas ¿Cómo era la vida de ustedes allá?

RR: Nosotros llegamos el 24 de abril, creo que fue. Nos instalamos cerca del aeropuerto con carpas, como todas las unidades que llegaban. Estuvimos dos días en el aeropuerto y nos mandaron a una bahía donde había un barco hundido. En esa bahía empezamos a hacer los pozos, a preparar todo. El 1 de mayo nos encontramos ahí. Vimos pasar los aviones y ahí es como que nos dimos cuenta que no era un paseo, era algo picante.

La artillería es una fuerza, una unidad totalmente diferente a lo que puede ser la infantería. La infantería es un trabajo más personalista. El compañero infante va con su fusil, va la ametralladora con dos ayudantes y camina para adelante. El artillero trabajan seis personas en una sola arma que es el cañón. Aparte está el observador adelantado, está el que transmite. Es un trabajo en equipo. No un trabajo individual. No hay trabajo individual en la artillería.

Todo lo que hacíamos lo teníamos que hacer en conjunto. Todos éramos peones, todos éramos artilleros. Había que hacer todo lo que fuera necesario para que estuviéramos en condiciones. Después del ataque del 1 de mayo, nos llega la orden de ir más cerca de Sapper Hills, en un llano y nos ponen a todos ahí. Había un helipuerto y un frigorífico cerca. Ahí se instalaron las piezas de la unidad.

Dos o tres días después llega la orden y mandan a un sector nuestro a dos cañones de la batería A y dos cañones de la batería B, los mandan a Darwin. Dos van por tierra y dos por mar. Los de la batería B van con el Río Iguazú, que fue bombardeado y hundido. Nuestros compañeros llevaban los cañones desarmados. Como se hundieron los cañones, bucearon, los sacaron, los volvieron a armar, los arrastraron hasta Darwin y combatieron hasta agotar munición.

JN: Es un verbo que en la unidad de ustedes encaja permanente, “hasta agotar munición”, “hasta la última pieza”. Es una unidad que se destacó por eso.

RR: Es una unidad que tiene medalla al valor de combate tanto en la unidad, como el jefe, como algunos soldados. Se destacó y fue reconocida por el enemigo porque, por ejemplo, cuando encontraron a los cuatro cañones, creo que tres quedaron en funcionamiento, no podían entender cómo habían tirado tanta munición y buscaban a donde se podían haber escondido cuando tiraban. Lo único que tenían nuestros compañeros para cubrirse era el escudo del cañón. No tenían refugio, no tenían nada. Estaban en un llano con un cañón sin nada que los protegiera. Así y todo no tenemos ni un muerto en Darwin.

LM: Hablaste de los jefes. Quiero saber, porque eras soldado, y hay una pregunta que siempre hacemos acá que es que pasó con los suboficiales. Porque hay una historia que se cuenta, por ejemplo en películas, en Iluminados por el Fuego, donde se habla que los jefes estaqueaban, que no eran patriotas, sino que eran torturadores. ¿Cuál fue tu experiencia y qué opinás sobre esa visión que hay muy presente en la industria cultural sobre todo de Malvinas?

RR: Puedo hablar de mi unidad, no puedo hablar de otra unidad. Sé que pasaron cosas, sé que hubo gente que no estuvo a la altura de las circunstancias y si a nosotros nos hubiera pasado lo hubiéramos denunciado con nombre y apellido a cada uno de ellos, pero al momento de volver.

Hoy a 40 años ya es como que prescribió eso. Personalmente creo que la guerra te muestra la peor cara del ser humano, y seguramente hubo cobardes. De hecho lo dice el informe Rattenbach. Lastima que la política no tuvo lo que hay que tener para cumplir con lo que pedía el informe Rattenbach que era hasta fusilamiento para los traidores.

Hoy nos quieren meter a los soldados, a los suboficiales que estuvieron bien, a los oficiales que se la jugaron nos quieren meter en la misma bolsa que con los traidores que se escondieron, se escaparon o que torturaron. Y no somos lo mismo.

LM: Por otro lado, está la idea de la victimización del ex combatiente de Malvinas.

RR: Eso como te decía, es un trabajo sistemático que se viene haciendo desde los compañeros del CECIM La Plata. Lo vienen haciendo desde hace 40 años. Ellos tienen una política de que nosotros somos víctimas para poder cambiarnos a la ley de víctima y sacarnos de la ley que nos protege que nos considera héroes de la patria.

Esa política la vienen llevando adelante, de hecho yo quisiera preguntar a esa gente cómo nos pueden categorizar a nosotros que apoyamos a los militares cuando ellos en su sede recibieron a la hija de quien asesinó 323 marinos en el A.R.A Belgrano. Ellos recibieron en su sede a la hija de Margaret Thatcher. La acompañaron en el avión. Quién es peor. Nosotros defendemos la causa, defendemos a quienes se portaron bien, a los que realmente defendieron la patria o ellos que son amigos del enemigo.


JN: Cuando llegan los combates, buques los bombardearon toda la noche y aviones durante el día, pero ya al final eran los buques, los aviones más la artillería terrestre. Allí estaba el grupo de Artillería Aerotransportado 4 hasta la ultima pieza. ¿Vos eras amigo y compañero de Néstor?

RR: Con Néstor ingresamos juntos al cuartel cuando había que elegir alguna profesión para poder acobacharse, que en esa época era lo normal. Yo tenía el oficio de plomero y el padre era plomero. Le digo “vos venite conmigo”. Transcurrió todo el año 81 juntos, he ido a la casa de la abuela y nos unía una amistad bastante fuerte. El hecho de que haya venido, cuando vio que la banda con la que él paraba iba, te marca mucho.

JN: Él va a caer en Malvinas. Y también mirando en distintos libros, el suboficial que era el jefe de ustedes, cuenta que Néstor estaba identificado. Néstor es uno de los que su lugar en Malvinas se localizó hace poco tiempo. Hay responsabilidad británica de cuando terminó el conflicto de haber tocado las tumbas de nuestros héroes.

RR: Tengo la suerte de haber sido un integrante de los cinco compañeros que después de 25 años fuimos por primera vez y levantamos la bandera. Se armó un lío terrible.

Nosotros conocimos a Ken, el hombre que organizó la policía en Malvinas. Lo trajeron de Inglaterra, era un Coronel del Ejército que había estado no sé en cuantos lugares. Lo llevaron a Malvinas para organizar la nueva policía que iban a armar y él era el dueño del Darwin House. Estuvimos hablando mucho tiempo con este hombre, él nos contaba cómo habían empezado a traer los cuerpos.

Lo importante de esto, más allá de que para nosotros fue un trabajo de la inteligencia británica para decir que son “los buenos”, porque ellos trabajan a 50 años. No son como nosotros que vamos parchando. Lo importante es que se identificó a nuestro compañero, que hoy la familia a pesar de que no puede ir, tiene la esperanza de que en algún momento va a poder ir y va a poder estar sobre la tumba de su ser querido.

Qué paradoja, antes de que se identificaran, se hacían viajes esporádicos. Después de que se identificaron no hay más viajes a Malvinas. Cómo es el asunto. Yo enterré soldados. Estuve al lado de los tanques de YPF y en la bahía habían hecho con las palas mecánicas una tumba general en el pueblo y nosotros fuimos a juntar los cuerpos de los compañeros en bolsas y los enterramos.

Cada uno buscaba su amigo y tenían la medalla, por ahí puede haber alguno, pero qué casualidad que encuentran un soldado que tenía el documento de identidad, que el documento militar, una carta con su nombre, 40 años después le sacan del bolsillo eso. Cómo es. Cómo se entiende que no se haya desintegrado ese papel, que el tiempo no haya pasado. Cómo se entiende.

LM: Esto lo contó César Trejo en la entrevista que estuvo aquí, y dio cuenta de cómo los ingleses no respetaron los acuerdos internacionales de cómo debían enterrar a los muertos… Cuando volvieron de Malvinas empezó otra batalla que es por malvinizar, por ser reconocidos, contra la desmalvinización.

RR: La verdadera batalla empieza cuando llegamos el 20 de julio, cuando estábamos de civil de vuelta. Ahí empieza la batalla en contra de la estigmatización porque nosotros éramos “los loquitos de la guerra”.

Salimos a pelear, el primer centro de combatiente se arma en diciembre de 1982. Centro de ex Soldados Combatientes de Malvinas. A partir de ahí empieza la lucha de quienes en ese momento abrazamos la militancia. Se empiezan a ver más centros de ex combatientes en todos lados. Los principales fueron Corrientes, Chaco, La Matanza, el CECIM.

El primero estaba en Capital Federal con el primer organizador Jorge Vázquez, y ahí empezamos nuestra lucha contra la peor desmalvinización y el peor desmalvinizador que es “el padre de la democracia”, fue quien nos escondió. Levantó la alfombra bien alto y nos metió a todos adentro.

Los primeros trabajos que habían prometido se los tuvimos que arrancar. No es que vinieron y dijeron “vení a trabajar”. Tuvimos que ir, presionar y hacer lío. Así logramos ingresar una cantidad importante a las empresas del Estado, a los bancos, a todos los lugares que pudimos. Eso pasó acá en Buenos Aires.

Nuestros compañeros de Jujuy, de Chaco, de Misiones, de Formosa, se murieron de hambre. No le daban trabajos porque eran ex combatientes y estaban locos, y porque el estado los absolvía. Salvo algunas excepciones. Viste cómo se manejan en las provincias que son patrón de estancia. Si sos amigo del patrón por ahí conseguís algo.

En el 84 empezaron nuestras primeras marchas. Casi tiramos la Torre de los Ingleses, arrastramos la estatua de Canning, hay una historia antes del 2004. Y una historia bastante importante, nosotros fuimos los creadores de la Ley 23.109, de la Ley 23.848. Nosotros. Sin saber nada escribíamos las leyes y se las llevábamos a los diputados.

La ley de pensiones que hoy existe se aprobó el 21 de septiembre en diputados a las 10 de la noche y a las 12 se aprobó en senadores. Mismo día. Pero nosotros teníamos atrincherados el Congreso. No salía nadie de ahí adentro. Después la promulgó en el 90, Menem después de dejarla caminar y promulgarla para sacarse la foto. Acá la historia se la pueden contar a los chicos como ellos quieren, pero la que lo vivimos no creo que sea tan fácil.

Después vino la carpa verde que sale de La Matanza. Nosotros tenemos un compañero que trabajaba en Segba Edenor, y reclamó. En una charla de café dice “yo voy a poner una carpa en la plaza”. Se juntaron 15, pusieron la carpa y ahí nos empezamos a sumar todos. Nos sumamos todos ahí y tampoco fue que el gobierno que dijo “che muchachos ¿qué hacen acá?” al cuarto o quinto día. 135 días para que nos dieran lo que pedíamos. Nos dieron el 10%. El error fue haber levantado la carpa, tendríamos que haber seguido. Pero ya estábamos cansados y agotados.

LM: El 2001 ¿significó algo en ese proceso de lucha? Lo que fue el 19 y 20 de diciembre.

RR: Creo que estaban los ex combatientes más enfocados con nuestros familiares, con nuestros compañeros de trabajo, estábamos más en lo que pasaba en el pueblo.

LM: Si hacemos esa línea de tiempo que contabas vos de la vuelta hasta la actualidad. ¿En qué momento recordás mayor activismo de los veteranos, mayor organización y mayor fortaleza de los centros de ex combatientes?

RR: Creo que fue hasta el 90 más o menos, del 82 al 90 la lucha era de otra manera. En los 90 siento que si bien fue un beneficio, fue una especie de desanimar a muchos cuando se nos dio la primera pensión. Antes del 90 no había nada. Salías a marchar, por convicción, por amor, porque tenías bronca.

En los 90 muchos se quedaron, hicieron un retroceso, volvimos juntos en el 2004 con la carpa verde y a partir de ahí volvemos a tener un incremento económico y se vuelve a retraer la militancia. Es que es muy difícil sacar a los compañeros a la calle cuando están con la panza llena.

JN: ¿Participarías de estos encuentros entre ex combatientes argentinos y británicos?

RR: No sé. Tendría que ver el momento. Porque creo que la guerra las hacen quienes no la pelean y las sufren quienes las pelean. Si bien para mí van a ser siempre mi enemigo, pero mi enemigo no es el pueblo británico. Mi enemigo es el Estado británico con sus políticas, porque calculo que los trabajadores británicos deben tener los mismos problemas que tienen los trabajadores argentinos en otro contexto porque están en Europa.

Pero nunca nos olvidemos que la Thatcher decide que se haga la guerra porque tenía un problema con los mineros porque estaba por desarmar las Fuerzas Armadas, por vender unos buques, entonces los militares presionaron por la guerra para que no le vendan los buques, y ella lo ve como una posibilidad que fue real de quedarse en el gobierno.

Hoy a 40 años creo que los soldados ingleses tienen mucho más problemas que nosotros. He leído que tienen mas suicidios, no fueron protegidos como logramos nosotros que nos protegieran, no tienen la atención medica mas allá de que la nuestra no es muy buena, ni siquiera la tienen. Ellos para tener un subsidio o una pensión tienen que haber estado 2 años en una fuerza, tienen que haber sido heridos en combate o un problema que sea especialmente por el conflicto.

No están de igual manera, nosotros como no somos un país guerrero hemos logrado cosas que en un país guerrero ya las tienen.

LM: Dijiste que levantaste la bandera argentina, la izaste ¿en qué año fue eso?

RR: En el 2007, a los 25 años de Malvinas. El 2 de abril.

LM: Porque para ir a Malvinas hay mucho un control.

RR: En ese momento iban pocos compañeros, y los que iban, lo hacían esponsoreados. No te dejaban entrar una bandera. Nosotros con el grupo que íbamos a ir, tuvimos que ir vía Chile, porque si nosotros íbamos vía Río Gallegos, íbamos a ir el 7 de abril o el 9. Para poder estar el 2 de Abril nosotros hicimos toda una organización y nos fuimos a Chile, nos tomamos un avión que fue a Punta Arenas y de ahí a Malvinas.

El 2 de Abril mientras nuestros centro de ex combatientes cantaba el himno a las 12 del mediodía, nosotros izábamos la bandera y cantábamos el himno a las 12 del mediodía. Fue algo organizado con distintas organizaciones. Se armo un lio…

JN: ¿Qué pasó ahí en Malvinas?

RR: Estaban todos los medios porque había una campaña. Había una fundación que ellos tienen para traer a los soldados libertadores, el 14 de junio, entonces estaban todos los medios de todos lados.

El Malvinas House estaba lleno. Cuando van al cementerio para hacer la filmación y se encuentran con nosotros que desplegamos la bandera y le dijimos a todos los periodista “bueno ustedes por favor detrás de la tranquera”. Y nosotros del lado de adentro. Colgamos la bandera en el monumento, cantamos el himno. Cayeron los soldados y todo.

Cuando llegamos al hotel, de hecho el auto que nos había llevado hasta ahí, que nos tenía que llevar al hotel, nos abandonó. Tuvimos que volver caminando. Después fueron los medios al hotel donde estábamos a hacernos reportajes y la dueña del hotel no los dejaba entrar.

Tuvimos que hacer el reportaje como a un kilómetro. Cuando llegamos recuerdo que nos pusieron No Llores por Mi Argentina. Estaba la música a todo lo que da. Y Ken que hasta ese momento había sido amigo, ahora no nos daba ni bolilla. Después el tipo entendió. Pero al otro día nos tuvimos que ir del hotel porque nos echaron. Tuvimos que ir a Puerto Argentino.

Entrevista realizada por Lucas Molinari y Juan Natalizio en Malvinas, 40 Historias (Martes de 14 a 15 horas).
Colaboración de Carolina Ocampo