jueves, 29 de octubre de 2020

MALVINAS: " SI QUIERO"

 

Existe en torno a Malvinas una gran cantidad de acontecimientos que merecen ser narrados. Hechos cuyo paso por la historia han dejado huellas que se mantienen incólumes frente al tiempo.



Recuerdo una entrevista a un oficial británico publicada por el periódico La Nación que se titulaba “Los soldados argentinos me salvaron la vida”. Por su parte, en la edición impresa del 14 de abril de 1983 el diario El País de España tituló: “Prisioneros argentinos en las Malvinas realizaron trabajos peligrosos prohibidos”, en referencia a la Convención de Ginebra que prohíbe utilizar prisioneros para el traslado de municiones o la remoción de minas en los campos de batalla.

Historias que merecen ser contadas, recordadas y revalorizadas.

Sin embargo, no hace falta alejarse demasiado para conocer que desde el año 2000 reside en nuestra sureña Río Grande una familia cuyo matrimonio estampó su firma en las mismísimas tierras argentinas de Puerto Argentino.

Los periódicos de aquella época dieron cuenta de la noticia que llegaba por medio de la Agencia Télam bajo el título: “Patriota dijo el ´SI, QUIERO´, se realizó el primer casamiento en el archipiélago”.

El matrimonio se contrajo en 1982 pero dado que los registros y libros protocolares de Argentina se perdieron en mano de los ingleses, ambos contrayentes debieron iniciar un proceso judicial que culminó casi seis años después, en abril de 1988, cuando el Registro Civil inscribió el matrimonio por mandato del juez de Bahía Blanca, Horacio Viglizzo.

Entre sus consideraciones, el Juez expresó: “teniendo en cuenta la situación política del conflicto bélico existente a esa fecha en el lugar de la celebración, doy por acreditado suficientemente el hecho denunciado por los recurrentes” y consecuentemente resolvió tener por acreditado el matrimonio entre René Marcelino Aguilar y Silvina Elisa Martínez, celebrado en la ciudad de Puerto Argentino.

Durante los años que duró el proceso judicial Silvina y René pudieron optar por celebrar nuevamente el matrimonio y así conseguir su formal acta de matrimonio; pero resulta inimaginable que un soldado y su compañera resignen siquiera un ápice de aquel acto de soberanía plenamente válido y eficaz, celebrado en suelo argentino.

El entonces cabo René Aguilar combatió en defensa de la soberanía nacional como parte del Batallón Antiaéreo, fue prisionero de las tropas británicas y regresó en el Buque Hospital ARA Almirante Irizar al puerto de Ushuaia, el mismo puerto desde donde zarpó por última vez el Crucero ARA General Belgrano.


A su arribo no había una multitud como imaginaba, sin embargo, en Bahía Blanca lo esperaba Silvina, su esposa, con quien años más tarde regresó a la provincia en que contrajeron matrimonio aquel 09 de junio de 1982.

Un “Sí, quiero” que no sólo consolidó el amor entre los novios, sino que reafirmó nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas.

En memoria de Silvina Elisa Martínez

El 01/04/2018 nuestro medio publicó la columna Malvinas: ¡Si quiero!, escrita por el actual secretario de Gobierno del Municipio de Río Grande, Gastón Díaz, y que hoy reeditamos en homenaje a Silvina, quien siempre se brindó con tanto desinterés y humildad, así la recordó con aprecio el columnista.

Su partida nos acongoja, siempre estaremos agradecidos por la increíble contribución a la soberanía sobre las Islas Malvinas que ejerció junto a su esposo René, expresó el intendente Martín Perez, sumándose al dolor por su fallecimiento. Acompañando en este triste momento a su esposo René e hijos.

El Centro de Veteranos de Guerra “Malvinas Argentinas” también expresó su acompañamiento a su camarada René y a sus hijos.

¡Qué su recuerdo permanezca por siempre!

viernes, 16 de octubre de 2020

HISTORIA DEL VGM ALBERTO MATSUMOTO UN JAPONES NACIDO EN ARGENTINA..




Es hijo de japoneses, peleó en Malvinas y hace 31 años vive cerca de Tokio: “Me escriben mis amigos para ver si hay trabajo”

En 1982, Juan Alberto Matsumoto tomó el lugar de un compañero que tenía familia y fue a la guerra. Ocho años más tarde ganó una beca, viajó a Japón, se enamoró, se casó y hoy es profesor universitario allí. Su recuerdo de Malvinas, la nostalgia de la tierra donde aún vive su padre pero a la que sólo vuelve “de vacaciones” y una detallada descripción de la sociedad, la economía, la vida cotidiana y la inserción de un extranjero en el país que lo adoptó




Alberto Matsumoto y su esposa Riko el 1° de enero de 2020, justo antes de la pandemia

En los primeros días de abril de 1982, Alberto Matsumoto tenía 19 años y era soldado conscripto en el Regimiento VI de Infantería de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Dice que ni lo pensó: tomó el lugar de un compañero que tenía familia y se sumó al listado de aquellos que irían a combatir a las Malvinas. Su voz, hoy, llega clara y bien argentina desde su departamento de Yokohama, Japón. Hace 31 años que dejó nuestro país y su relato emociona. “¿Por qué lo hice? Todos estábamos eufóricos, cantábamos la Marcha de Malvinas. Ninguno sabía lo que iba a pasar. Y cuando estuvimos ahí, la verdad, tampoco teníamos demasiada información. Lo que sí sabíamos es que teníamos frío y hambre”.

Matsumoto es nikkei (hijo de japoneses), nació en Escobar en 1962 e hizo la primaria en la Escuela N° 38, donde, recuerda preciso, “un tercio éramos descendientes de japoneses”. Hoy es director de la Consultora Idea Network, profesor de Español en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de la Prefectura de Shizuoka, de Economía y Derecho Latinoamericano y de Sociedad Latinoamericana y Problemas Jurídicos en la Facultad de Derecho de la Universidad Dokkyo, entre múltiples actividades. Pero dice que Malvinas, aún pasado el tiempo, “es un recuerdo recurrente, pero no tan traumático para mí como se suele describir en algunas notas que aparecen de tanto en tanto. Estuve desde el 13 de abril hasta el 18 de junio, porque cuatro días fui prisionero. En los últimos días tuvimos muchos bombardeos de los ingleses, aunque no llegamos a entrar en combate directo, cuerpo a cuerpo”.



En la escuela N° 38 de Escobar

“La experiencia fue dura -añade-, pero ya era estudiante universitario, estaba en la UBA. Después me pasé al Salvador, en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y seguí estudiando. Al año siguiente que terminé la carrera gané la beca para venir a Japón y desde entonces estoy aquí. Es decir, siempre me mantuve activo y ocupado. Eso me permitió asumir esa experiencia. Claro que cada vez que me entero de que un muchacho se quitó la vida, o falleció por descuidos en la salud, me entristece. Deberían estar bien y activos. Los años posteriores ayudé a una fundación para que la reinserción social de mis compatriotas no fuera tan traumática por ejemplo, en buscar trabajo. Incluso hice gestiones ante el ministerio de Defensa para que hubiera una ley que ayude a los ex combatientes. No fue mucho lo que pude hacer”.



Lo que no hace es olvidar: “Hay que canalizar esa experiencia de la forma más positiva posible, porque si no se hace muy duro pensar que fue en vano que 649 hombres hayan ofrendado su vida en esa guerra por defender lo que es nuestro. Nosotros, los que hemos regresado, somos los que tenemos la responsabilidad de canalizarlo en forma positiva para la sociedad argentina”.




En el Regimiento VI de Infantería de Mercedes

Matsumoto suena como si aún viviera acá. Pero se fue en 1990 después de recibirse en la Universidad del Salvador y ganar una beca del gobierno de Japón, que le hizo obtener, en 1997, la Maestría de Derecho Económico y Laboral en la Universidad Nacional de Yokohama. Está casado con Riko y no tiene hijos, y cada dos o tres años viene a visitar a su padre a Escobar, que tiene 85 años. Este 2020 debería haber viajado, pero la pandemia por el COVID-19 puso en pausa al mundo. En Japón, cuenta, “se manejó bastante bien. A finales de enero, cuando llegó el crucero Diamond Princess a la costa hubo muchas críticas. Pero en ese mes y medio se prepararon los hospitales y las salas de terapia. Y si bien es una situación nueva y desconocida y dentro del gobierno y el comité de expertos hubo desacuerdos y opiniones diversas, las cosas no se fueron de control”.

-¿Hubo una cuarentena estricta?


-No hubo un lockdown total por parte de las ciudades, municipios y prefecturas. El gobierno nacional declaró una situación de emergencia sanitaria, pero fue un pedido de colaboración para que la gente se abstuviera en lo posible de salir de la casa, pero no estaba prohibida la circulación ni el movimiento general. De todos modos hubo una reducción muy grande de la actividad económica. Hoy ya hay clases en las escuelas, donde hay poca cantidad de alumnos en las universidades ya hay clases presenciales. Yo di clases de español en Shizuoka. No estamos impedidos de ir de un lugar a otro. El gobierno ha dado un montón de estímulos y bonos para que las personas puedan viajar y usar esos descuentos en hotelería, gastronomía y tickets para reactivar las economías de las zonas turísticas.




Desfile del 9 de julio de 1982 en Escobar, con sus compañeros veteranos de Malvinas. Matsumoto, el único de traje y corbata

-¿Y cómo se ve lo que sucede ahora en la Argentina?


-No hay una mirada sobre Argentina en sí. Acá los medios dieron una gran manija primero a Italia, después a España, y ahora ven el caso de Brasil, sobre el que se hace algún reporte. La imagen de América Latina es, entonces, la de Brasil o a veces Perú. 

Eso sí, cuando ven las protestas que se hacen sin usar tapabocas, acá se horrorizan. Creo que el tema es mantener ciertas pautas sanitarias básicas. Porque cuando se controla tanto, cuando se prohíbe tanto, después de seis meses la gente se cansa y se desmadra todo. Y los organismos de control ya no pueden controlar más. Eso pienso que pasa en nuestra región.

-¿Por qué te quedaste a vivir en Japón?


-Mi primera experiencia en la facultad de Tsukuba no fue tan buena. Pero me cambié de facultad, hice la maestría en Yokohama y bueno, me casé, por eso me radiqué en Japón… Ese proceso inicial de ensayo y error me duró cinco años.


En marzo del 2012 estuvo en Malvinas. Aquí, en el cementerio de Darwin


-¿Fue muy distinto tu noviazgo a lo que hubiera sido acá?


-Si bien ella es japonesa, en esos momentos trabajaba en la embajada de Ecuador en Tokio, había estado tres años en España y conocía nuestro idioma y un poco nuestra forma de ser. En ese sentido, incluso la relación con mis suegros fue bastante amena. Además nos casamos muy rápido. Nos conocimos, noviamos y en seis meses ya estábamos en el Registro Civil de la municipalidad (ríe). Así que mis suegros ni siquiera tuvieron la posibilidad de oponerse... Yo tomé la iniciativa de todo y fue bastante rápido y armónico. Gracias a Dios, con ellos mantuve una relación muy buena. Lamentablemente mi suegro falleció hace seis años, y mi suegra en estos momentos está internada en un geriátrico con síntomas bastante avanzados de demencia senil. Mantuve una relación, digamos, como la que nos gusta tener en la Argentina… Allá reunirse, hacer un asado, festejar el cumpleaños, es bastante más asiduo. En Japón no lo es tanto, a los suegros se los va a saludar el 1 de enero por ser el año nuevo. Yo mantuve una pauta más argentina, le llevaba flores a mi suegra en los cumpleaños, en el día de la madre los llevaba a almorzar o cenar en un restaurante. Y ellos lo disfrutaban mucho. O yo iba a su casa y me quedaba a tomar el té, como nos gusta, esa sensación de familiaridad. Y no me ha ido nada mal. En las generaciones más jóvenes no hay tantos prejuicios ni barreras de tradición como antes. Se acercan más al mundo occidental o latino. Pero claro, siempre manteniendo cierta distancia prudencial y de respeto que acá son importantes.

-¿Cómo fue tu inserción en la sociedad japonesa?


-Hace 30 años para un extranjero buscar trabajo e integrarse no era tan fácil, No había información ni siquiera en inglés, o muy poca. Hoy en día es mucho más accesible, hay más permisividad, voluntad y buen trato incluso a los extranjeros en general, pero principalmente a los que tienen estudios universitarios y posgrados. El año pasado hubo 310 mil estudiantes extranjeros registrados y matriculados en Japón en distintas universidades, la cifra más alta histórica. Y todos los años, entre 20 y 30 mil jóvenes extranjeros con título se insertan laboralmente.



Alberto Matsumoto junto a su mujer y sus suegros, en 2012


-¿Es sencillo?

-Es un trabajo que hay que hacer. Se debe tener paciencia y entender los valores que tienen los japoneses y cómo los implementan. No es cuestión de leer un manual y aplicarlo. Es un proceso de aprendizaje diario en la convivencia y uno mismo debe hacer un esfuerzo para comprender y dejarse ayudar, para que ellos también puedan tener su participación en ese trato. Si bien en Tokio, Yokohama, Osaka o Nagoya hay presencia de extranjeros, para el japonés común no es usual tener trato en el día a día o de vecinos, por ejemplo.

-¿Cuáles son esos valores?

-Son aquellos que están grabados dentro de esta sociedad. Aún con los cambios que se producen, hay una jerarquización en el trato hacia las personas. No solo hacia los mayores, sino si tienen un cargo, si es un profesor, o un maestro. Uno debe saber ubicarse en cada lugar y situación para no ser irrespetuoso. Se puede ser simpático, pero también hay que ser cauto, mucho más si es una relación inicial. Ser más humilde, tratar que la otra persona pueda entender cuál es la intención de alguien en querer relacionarse con un japonés. No es algo muy difícil, son pautas. Y tampoco es que sean tan cerrados como uno puede pensar. Al contrario, si uno logra su confianza y credibilidad, aquí tiene muchas posibilidades. Y ellos también necesitan la presencia de extranjeros, quieren conocer cómo pensamos, cómo actuamos, por qué a veces actuamos de una manera que para ellos es inentendible. En ese sentido hay muchas diferencias con la Argentina. Además, hay ciertas modalidades y formalidades en la relación y la comunicación con los japoneses. Hay que ir cultivando esa relación, que puede terminar en una buena amistad. Pero la manera en que se manifiesta esa amistad es muy diferente al mundo argentino o latino.

-¿Pero te conocés con tus vecinos, por ejemplo?

-Yo personalmente, por mi forma de ser, me conozco con la señora que atiende en la tienda de conveniencia, el 7 Eleven, en la tintorería, en algunos bares o restaurantes de la zona, porque vivo hace más de 20 años aquí. Pero no es tan familiar o ameno como puede ser un barrio de Buenos Aires. Y el otro tema es que, por ejemplo, yo vivo en un edificio de tres pisos, donde hay 18 departamentos, y salvo con una o dos familias, no nos conocemos. Los jóvenes se mudan muy seguido, hay una movilidad muy importante. En este tipo de grandes ciudades es muy difícil tener una relación con los 
vecinos



 

Matsumoto en Yokohama. Hace 31 años se fue a Japón

-¿Dónde vivís?

-En la ciudad de Yokohama, a 25 kilómetros del centro de Tokio. Pertenece a la prefectura o provincia de Kanagawa. Es una ciudad grande, tiene 3.700.000 habitantes, son barrios con muchos edificios. Yo vivo en una zona más residencial, no de edificios torres, pero sí de 15 pisos, como si fueran monoblocks para clase media o media alta. Yo acá soy clase media. Los que vivían desde antes, que tenían un terreno, pueden tener una casa con un pequeño jardín. Pero por la alta densidad que tiene Tokio y este conurbano, la propiedad es muy cara, principalmente la tierra. Las casas son más pequeñas, y solo pueden tener garaje para un vehículo. Y no sé si saben, pero aquí el que no tiene un garaje no puede comprar coche. Es una regulación que existe a nivel país.

-¿Cómo es eso?

-Claro, el que va a comprar un coche debe demostrar, con un comprobante, que en su vivienda tiene un garaje, y si es un departamento alquilado, que tiene un parking o lugar para guardarlo. Y la policía local va a constatar que es así, con eso puede comprar un vehículo.

-¿Cuánto gana en promedio un japonés?

-Según las estadísticas, en promedio unos 40 mil dólares. Sin embargo, en realidad esa cifra no representa lo que realmente se gana en las grandes ciudades. Yo considero que es de 50 o 55 mil dólares. Pero una cosa es la gente que vive en Hokkaido, al norte, o aquí en Tokio. Y otra en Okinawa, al sur, donde es mucho menor el ingreso. Allí el promedio será de 30 mil dólares.




En una estación de subte cercana a Tokio

-¿Es fácil ahorrar?

-Sí, como hay mucha estabilidad económica, se puede ahorrar. Los intereses que el banco da son mínimos, pero la estabilidad y la misma economía lo hacen posible. En sí, los japoneses son de ahorrar bastante. Incluso las generaciones jóvenes. Pero claro, eso depende de cómo uno quiera vivir. El margen de ahorro ahora es un poco menor en comparación con las décadas anteriores. Y la principal razón es que en los últimos 10 o 15 años no hubo mucho aumento del salario. Pero claro, al estar en deflación y al haber tanta estabilidad es más difícil que los haya. Las grandes empresas que han tenido beneficios sí han pagado salarios elevados con bonificaciones, como un aguinaldo. Han sido generosas. Aunque supongo que ahora, con la pandemia, eso quedará reducido a su mínima expresión.

-¿Cuánto cuesta una casa?

-Depende de la zona. En Tokio y Yokohama la propiedad es muy cara. Estará entre 400 y 600 mil dólares. Acá se suele hacer un crédito hipotecario a 25 o 30 años, entonces uno trabaja toda su vida para pagar esa hipoteca. Y si es conveniente comprar o alquilar dependerá de cómo cada uno planee su familia, la composición familiar, porque de por sí acá la cantidad de niños es bastante baja, de 1,35 hijo por pareja. Y lo que es alquiler, seguridad social, impuestos, van sumando.



En el subte, de Yokohama a Tokio

-¿La paternidad se planea en forma muy minuciosa?

-No es tan así. Las japonesas están bien informadas de los costos que implica tener un hijo. El tema es, como familia, cómo mantener los gastos de la hipoteca y la educación. Acá es cierto que la educación es gratuita, pero hay un montón de costos adicionales, aun siendo la escuela pública, que deben ser asumidos por los padres. Desde luego, si es una familia de muy escasos recursos, con ingresos muy bajos, de 20 o 15 mil dólares para abajo, y tienen dos o tres chicos, el Estado ofrece subsidios y ayuda. Pero aún para una clase media o media alta, si uno quiere vivir con las comodidades que ofrece la civilización de hoy, se hace difícil tener muchos chicos. Esto se viene dando desde hace 25 o 30 años. Cuando vine a Japón ya se hablaba de estos temas. Y desde el 2004 la tasa de fecundidad comenzó a bajar. Si esto sigue, de los 126 millones que somos ahora, en 25 años seremos 100 millones o tal vez un poquito menos. Como toda sociedad, en algún momento se encontrará el punto de equilibrio. Las distintas medidas de apoyo a la familia, a la crianza, a la educación de los hijos con programas de ayudas y subsidios no han dado los resultados esperados. Eso significa que también el estilo de vida de las últimas generaciones ha cambiado mucho. Y hasta que no se revierta esa conciencia, la tendencia seguirá.

-¿Tuviste muchos llamados desde Argentina para averiguar cómo radicarse en Japón?

-Sí. En estos días me ha escrito gente amiga preguntando si hay trabajo. Gente que tiene estudios, con bastante formación y experiencia. Y no nikkeis, como era yo. Personas que conozco desde hace años. Pero para alguien que no tiene ningún tipo de relación con Japón, o no tiene un muy buen manejo del inglés, es muy difícil obtener un contrato de trabajo. Y sin ese contrato no podrá tener un visado. Algunos dicen “me mando como turista y una vez allá obtengo el visado”. Eso es casi imposible. Y por supuesto mucho menos ahora, en la pandemia. En líneas generales hay que estar atentos, porque hay bancos de datos donde ciertas empresas con transacciones internacionales quieran contratar extranjeros con ciertos conocimientos y experiencias. Pero la contratación de extranjeros calificados está mucho más abierta que hace 20 o 30 años, hay que hacerlo muy bien, por medio de una agencia o gente de confianza y la garantía de que le tramiten el visado de trabajo.

-¿Qué sucede si alguien dice ‘me voy aunque sea a trabajar en una cafetería’?

-Hay un visado que se llama “working holiday”. Japón y Argentina tienen este convenio de reciprocidad y esto ha funcionado bastante bien. Creo que hay un cupo de 200 o 250 personas al año. En el 2019 vinieron muchos argentinos con ese visado. Es más de intercambio cultural, pero permite trabajar part time en cafeterías, o enseñando inglés o español o cualquier tarea. Pero lo fundamental es el intercambio cultural, idiomático o de aprendizaje y no el trabajo en sí. En ese sentido, para un empleado raso tomarse un vuelo y venir acá es imposible. Por eso digo, sin un contrato previo no creo que alguien tenga chances de permanecer en Japón como empleado o trabajador.


Visita a Buenos Aires: a punto de devorar una milanesa.

-¿Qué es lo mejor de vivir en Japón?

-¡Qué pregunta difícil! En Japón vivimos 126 millones de personas en una superficie como la provincia de Buenos Aires, aunque si se toma la superficie habitable es un poco menos que la provincia de Santa Fe. Por lo tanto acá se hace necesario que la gente respete, tenga orden y disciplina social. Y a mí me gusta mucho que la sociedad tenga esos parámetros. No hay mucho ruido: los turistas extranjeros se asombran, aun estando en Tokio, en las avenidas principales me dicen “qué silencio”. O preguntan por qué no hay basura en el piso, y les respondo “porque la gente no ensucia”, tan simple como eso. Por eso no hay barrenderos en las calles, solo servicio de limpieza para los edificios.

-¿Hay seguridad?

-Sí, es una sociedad sumamente segura. Por supuesto que hay delincuencia, asesinatos y hechos bastante desagradables, pero en un año los homicidios registrados rondarán los 500 o 600. Hoy por la mañana leí que en Brasil el año pasado tuvieron 48 mil homicidios. Eso los japoneses no lo pueden entender. Ya tener 600 para ellos es mucho. Por eso, para las personas que no puedan cumplir con demasiados requisitos o exigencias, vivir en Japón puede ser un poco duro. Debemos pensar que la población siempre está sometida a terremotos y tifones, fenómenos naturales muy fuertes que causan daños. Siempre han tenido que lidiar contra la naturaleza, pero se han levantado. Pueden enojarse y protestar, pero saben que al día siguiente tienen que seguir poniendo el lomo. Ahí se ven muestras de solidaridad, cooperación y ayuda mutua que, aunque han cambiado algunas pautas, son elementos que están impregnados en la sociedad japonesa.


El año pasado, con su papá de 85 años en su casa de Escobar. Los palitos para el arroz, y el mate. Toda una definición.

-¿Y sentís nostalgia de la Argentina?

-¡Claro que sí! Y no importa en qué momento del año. A veces extraño el fuego de un asado, del carbón, de la carne… Son imágenes que uno va teniendo a medida que pasan los años. Pero otra cosa es regresar definitivamente para vivir otra vez en la Argentina. Yo tengo 31 años en Japón y partí de Buenos Aires a los 28 años. O sea que tengo más vida aquí que en el país donde nací. Me sería muy difícil regresar en este momento. Acá tengo familia, tengo una suegra que debemos cuidar. Así que por el momento sólo pienso en regresar de vacaciones, como suelo hacer cada dos o tres años. Ojalá el año que viene podamos tener intercambio de vuelos y en el segundo semestre estar por un mes en Buenos Aires. Tengo a mi padre allá en Escobar, que no está mal pero está decaído con lo que sucede con la pandemia, de no ver a sus amigos y necesita la compañía de nosotros.

-Sos profesor e imagino que alguna vez hablarás de la Argentina con tus alumnos.

 ¿Qué les sorprende de nuestra forma de ser?

-Yo les hablo más que nada de cómo son las leyes en América Latina. Cuando les digo que nuestras Constituciones tienen 200 artículos preguntan “¿por qué tantos?”. La constitución japonesa tiene poco más de 100, y muy simples. Y en la vida cotidiana no se judicializa todo. Los juicios son muy pocos en comparación con nuestros países o los Estados Unidos. ¡Ahí está! mis alumnos japoneses se asombran de la plata y el tiempo que perdemos en hacer juicios.

domingo, 11 de octubre de 2020

MALVINAS: 170 DIAS SIN REGISTRAR CASOS POSITIVOS DE COVID-19


En Malvinas cuentan con tres tipos de pruebas con hisopos para proteger mejor a toda la comunidad de la propagación del virus COVID-19.


Así lo anunciaron las autoridades británicas en las islas. De la totalidad de habitantes que residen en las islas, número que alcanza alrededor de 3600 personas, se realizaron más de 2600 pruebas, las cuales no arrojaron resultados positivos para COVID-19 en 167 días.


En las islas se realizaron 2682 pruebas para detectar el virus COVID-19. Llevan casi 170 días sin casos positivos.

Asimismo, las autoridades afirman que hoy cuentan con tres métodos de prueba con hisopos para proteger a la población. Amén de esto, la gente irá asimilando el frotis sintomático (técnica científica que consiste en la extensión de una gota de sangre sobre la superficie de un portaobjetos o de un cubreobjetos, con el fin de analizarla posteriormente al microscopio), esto permite realizar la prueba en pacientes con síntomas relacionados o similares a los síntomas gripales y la muestra se toma dentro de los primeros 3 días de presentar signos de enfermedad.


Puerto Argentino, Islas Malvinas.

Es común también hacer pruebas reactivas, particularmente, en personas relacionadas a la atención al público. Es el caso de personas que prestan servicios en centros de salud, servicios sociales, comercios y hotelería. Si bien el hisopado durante la cuarentena no es obligatorio en las islas, está disponible el servicio para empresas o personas que deseen hacerse la prueba en las instalaciones del Hospital de Puerto Argentino.



Hospital de Puerto Argentino, Islas Malvinas

Es de destacar que los isleños implementaron un sistema de pruebas para personas llegadas recientemente a las islas. El sistema se inicia realizando un llamado al Hospital una vez que se haya efectivizado el arribo. Los agentes de salud toman la novedad y realizan los hisopados a las 48 y a las 72 horas después del arribo. Luego se repiten los días 7 y 13, posteriores al arribo.

lunes, 14 de septiembre de 2020

FALLECIMIENTO DEL VGM ROBERTO BARRIENTOS, MURIO POR COVID-19

QEPD CAMARADA


Roberto Barrientos, el veterano de Malvinas que luchó por los derechos de los ex combatientes, murió de Covid-19
Soldado integrante de la Compañía de Ingenieros de Combate 601, se destacó por su compromiso en la posguerra en esa lucha desigual que enfrenta el veterano y que hizo de la solidaridad una forma de vida. Había regresado a las islas el año pasado por primera vez. Tenía 56 años


Los que estuvieron con ella dicen que rompía el corazón ver llorar a Raquel García, la madre del soldado Daniel Alberto Ugalde, caído en la batalla final en las primeras horas del 14 de junio de 1982 en Malvinas. Raquel, que había logrado cerrar una triste historia con la identificación de los restos de su hijo, enterrado en el cementerio de Darwin, ahora sentía que había perdido a otro hijo. Esos que traen las vueltas de la vida. Roberto Barrientos, que en la guerra combatió en la Compañía de Ingenieros de Combate 601, falleció en las últimas horas a causa de complicaciones derivadas del 
Covid-19.


Roberto Barrientos fue a Malvinas con la Compañía de Ingenieros de Combate 601 y se comprometió en la lucha por los derechos de los veteranos.

El desconsuelo de Raquel tenía sus razones. Roberto, si bien nacido en Lanús, se había mudado a Hurlingham y al vivir relativamente cerca, era el que la llevaba cuando había algún acto, homenaje o recordación referida a Malvinas. Y fue el motor para que la animó durante los años que tuvo que esperar luego de haber dado su muestra de ADN para la identificación de los soldados en el cementerio de Darwin. Roberto era quien le decía “no tenés que bajar los brazos” cuando los tiempos de las negociaciones políticas no acompañaban los tiempos de una madre que esperaba saber dónde estaba el cuerpo de su hijo.

En diciembre hubiera cumplido 57 años. Con los que habló Infobae, todos acuerdan en describirlo, auxiliándose con el mismo sufijo: azo. Tipazo, amigazo, compañerazo.


Hincha fanático de River, siempre discutían con su gran amigo, Juan Peralta, también fanático pero de Boca, veterano como él, compinches desde la colimba y compañeros de carpa, de infortunios y de resistencia en las últimas semanas de la guerra. Ese fue el inicio de una amistad inquebrantable.

Roberto tuvo distintos trabajos, en los que se destacó por su rectitud y honradez. Hacía cerca de diez años que se desempeñaba en la oficina de veteranos en el Ministerio de Trabajo, donde se desvivía por destrabar trámites, solucionar problemas, ayudado por su gran conocimiento que poseía de la legislación referida al veterano de guerra. Sobresalió por su seriedad y responsabilidad y por su claridad en la gestión. Fue uno de los impulsores de la ley de jubilación anticipada para veteranos, que se concretó durante el gobierno anterior.


Amigos desde la guerra: Barrientos y Juan Peralta, en uno de los tantos actos evocativos de Malvinas.

En el ministerio, organizaba jornadas de charlas sobre Malvinas, y entre los temas que puso sobre el tapete fue la cuestión del reconocimiento de los cuerpos no identificados de Darwin, cuando pocos eran los que hablaban de ello y el veterano Julio Aro -de la Fundación No Me Olvides e impulsor de la causa- luchaba solo contra la burocracia y el desinterés.


Cuando ocurrió la rendición, permaneció como soldado voluntario en las islas. Por su dominio del inglés, ofició de intérprete entre oficiales argentinos y británicos en la dura tarea de sacar las minas de los campos. Recién regresó al continente el 14 de julio. Siempre se había negado a volver a Malvinas, se resistía a que le sellasen el pasaporte por pisar tierra argentina. Sin embargo, tal vez la nostalgia y ese sentimiento al que es inútil encontrarle explicación, lo animó a hacerlo el año pasado. Estuvo en su posición, recorrió campos de batalla, rezó en el cementerio. Dijo que para él había sido 
algoúnico único.




Barrientos sentado en la posición que ocupó durante la guerra, en viaje que había hecho a las islas el año pasado.

Ese grandote simpático de risa linda que no le gustaba que le dijeran “narigón”, estaba muy comprometido con Malvinas; participaba activamente en el centro de veteranos de guerra de Lomas de Zamora, localidad donde vivía y era miembro de la mesa consultiva de la Comisión Nacional de Ex Combatientes, que depende del Ministerio del Interior. Era muy amigo de sus amigos y sabía escuchar, cuando alguien acudía a él con un problema.


El 21 de agosto pasado, debieron internarlo por coronavirus. Estuvo en terapia intensiva y cuando mejoró lo pasaron a una habitación común. Sin embargo, otras complicaciones agravaron su estado.

Lo que pasó en la despedida de sus restos fue una prueba palpable de lo que Barrientos significó para muchos. Se dieron cita veteranos de distintos centros, personal de distintas armas, amigos, funcionarios de la municipalidad de Lomas de Zamora y un trompa del Regimiento de Patricios, que ejecutó silencio. También estaban sus dos hijas y suplieron la ausencia del hijo varón que no pudo despedir al padre porque viajó a Australia a probar suerte.


Dio el presente el segundo jefe de esa compañía de Ingenieros de Combate 601, esa compañía que cuando terminó la guerra, fue disuelta, y de la que formaba parte el soldado Roberto Barrientos, ese tipazo que nunca bajó los brazos.




Las conmovedoras reflexiones de un héroe de Malvinas en cuarentena: “Nadie se salva solo, ni en la vida ni en la guerra”



lunes, 7 de septiembre de 2020

LA HISTORIA DEL VGM HORACIO NUÑEZ


Un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas, en Telefe Noticias te contamos la guerra en primera persona, y lo que ocurrió ese 1 de Abril de 1982. - 2 de Abril 2020 Horacio Nuñez cuenta cosas que pocos conocen sobre el día previo al conflicto bélico.






martes, 1 de septiembre de 2020

FALLECIMIENTO DEL VGM MIGUEL GRANDE

LA UNIÓN DE SUBOFICIALES ESTA DE LUTO 

TE FUISTE AMIGO QUE DIOS TE TENGA EN LA GLORIA, Y SIGAS DE VIGILIA CON LOS CAMARADAS EN CUSTODIA DE LAS ISLAS MALVINA, MIS SENTIDO PÉSAME A TU FAMILIA.






jueves, 20 de agosto de 2020

EL ARCHIPIÉLAGO DENOMINADO "MALVINAS, UBICADO A 500 KM DE LA COSTA PATAGONICA.

                      



Argentina tiene 6.500.000km² de plataforma continental, cuyas posibilidades resultaban y siguen siendo, apenas, cuantificables. El archipiélago denominado Malvinas, ubicado a 500 km de la costa patagónica y que ocupa una superficie de 11.718km², fue heredado por el país de manos de la Corona Española.

En 1833 arribó la fragata inglesa “Clio”. Su dotación tomó posesión de las islas desalojando a una pequeña guarnición argentina. Desde entonces se iniciaron sucesivas presentaciones ante organismos internacionales que tuvieron durante siglo y medio la misma respuesta: silencio.

Un incidente con obreros argentinos que realizaban el desguace de una antigua factoría ballenera en la isla San Pedro fue calificado de ilegal. Así se puso en marcha un intercambio de notas infructífero entre cancillerías, por lo que la Junta Militar como gobierno nacional, hizo efectivo un precipitado plan de acción que tenía como objetivo recuperar la soberanía sobre “la perla austral”.

Se le asignó la responsabilidad a la Armada de reconquistar y asegurar Puerto Argentino de forma incruenta, garantizando en todo momento la seguridad de las personas y de los bienes y de los habitantes de la ciudad.

Aquel otoño del ‘82 el componente naval comenzó a desplegarse en pos de la concreción de la Operación Anfibia "Rosario".

Así comenzó el despliegue de más de una decena de buques que conformaron diferentes grupos de tareas. Durante los 74 días que duró la guerra su accionar fue indispensable, efectivo y heroico.

Durante la toma de Puerto Argentino se volvió fundamental el destructor ARA “Santísima Trinidad”. Sus capacidades permitieron el desembarco de las fuerzas especiales durante la "Operación Rosario", como así también el submarino ARA “Santa Fe”.

                               

El ARA “Santísima Trinidad” fue acompañado por el ARA “Hércules”, el cual marcó el camino a la Fuerza de Desembarco en su acceso a tierra firme. Por su parte, los destructores ARA “Domecq García”, ARA “Seguí”, ARA “Bouchard”, ARA “Py” y ARA “Piedrabuena” fueron encargados de controlar el área marítima realizando patrullajes para evitar el paso de 
unidades enemigas.unidades enemigas.  

En la misma operación tuvo su participación el Portaaviones ARA “25 de Mayo” como buquecontrol de aeronaves de ataque y control aéreo. La Armada Argentina pudo cubrir y desplegar a su Grupo Aéreo Embarcado (GAE), de una manera que no hubiese sido posible hacer desde tierra firme. Por su actuación se le otorgó a la unidad la condecoración “Operaciones de Combate”.





El segundo impacto dio directamente en el puente, destruyéndolo por completo al igual que el cuarto de radio que se hallaba debajo: fallecieron en el acto 8 marinos entre los que se encontraba el Comandante. La difícil decisión que previamente había tomado Gómez Roca se volvió en este momento heroica, ya que salvó la vida de muchos de sus hombres.


Sin puente de comando y con la tripulación diezmada, al mando del Segundo Comandante, el Teniente de Navío Sergio Bazán, la dotación improvisó un timón y se decidió navegar hacia el continente, aún bajo amenaza de un nuevo ataque. El 5 de mayo logró el ansiado arribo, llegando a Puerto Deseado, donde fueron recibidos con mucha emoción por camaradas militares y por los pobladores.
 Media hora después, el “Belgrano” se hundió en las gélidas aguas australes, dejando a la deriva balsas con hombres que enfrentaron durante casi dos días “Mar 4, visibilidad 500 yardas y viento del noroeste a 30 kms/h” (fragmento del SITREP emitido por el A.R.A. “Piedrabuena” en misión de rescate). Las bravías olas dificultaron la supervivencia y posterior rescate de los náufragos, quienes ante cada contingencia superada creían firmemente volver a nacer.

Durante el ataque fallecieron 323 tripulantes y fueron rescatados 770. Fue una gran proeza encontrar las balsas en las condiciones climatológicas reinantes, lo cual no hubiera sido posible sin la acción de un Neptune de la Aviación Naval que las divisó y de la determinación de los tripulantes a bordo del ARA “Gurruchaga”, del ARA “Bouchard”, del ARA “Piedrabuena” y del ARA "Bahía Paraíso" como buque hospital, que fueron quienes los rescataron. Ningún marino deja a otro marino en el mar.



  
           




La epopeya del ARA “Alférez Sobral”


Al mismo tiempo que se buscaba a los náufragos del crucero, el aviso ARA “Alférez Sobral” emprendía el rescate de los tripulantes de un avión Canberra de la Fuerza Aérea Argentina, aproximadamente a 100 millas náuticas al norte del Estrecho San Carlos.


Este buque junto al aviso ARA “Somellera” no formaba parte de la Fuerza de Tareas argentina, sino de una escuadrilla de sostén y apoyo. En la madrugada del 3 de mayo un misil lanzado desde helicópteros Sea Lynx ingleses impactó en una de sus lanchas, destruyéndola por completo y esparciendo esquirlas que hirieron a los tres operadores de la ametralladora de estribor. Todo ocurrió en pocos segundos y en medio de una oscuridad impenetrable que impedía sostener una defensa armada frente al ataque.


Luego de una revisión de los daños ocasionados, el Comandante, Capitán de Corbeta Sergio Raúl Gómez Roca, consideró que el lugar de mayor riesgo era la superestructura, especialmente el puente de comando. Con el fin de proteger a sus hombres, a sabiendas que era imposible combatir efectivamente con las armas propias, ordenó desalojar las cubiertas superiores quedando en el puente solamente él y los tripulantes indispensables para conducir el buque.




El rompehielos ARA “Almirante Irízar” en un inicio fue puente logístico, transportando tropas y pertrechos. En las horas más cruentas de la guerra fue configurado como buque hospital junto con el buque ARA “Bahía Paraíso”. El coloso naranja arribó a cercanías del teatro de operaciones con su exterior repintado de blanco con una cruz roja, que indicaba el inicio de su misión sanitaria. Zarpó con más de 200 camas, quirófanos, laboratorios, salas de terapia, rayos, traumatología y quemados, helicópteros embarcados y varias decenas de profesionales de la salud.




       







El transporte polar ARA “Bahía Paraíso” fue el primer buque que se configuró como buque hospital de la Flota de Mar durante el conflicto de 1982. Tras haber participado en Grytviken de las acciones que permitieron la recuperación de las Islas Georgias del Sur, fue transformado de buque multipropósito a buque hospital en un período de 10 días por los ingenieros, técnicos y operarios del Arsenal Naval Puerto Belgrano.

Fue equipado con cuatro quirófanos, una sala de yeso, una sala de rayos, una sala de desintoxicación química y una pileta de acero inoxidable para el tratamiento de los heridos quemados. Además, de instalaron 300 camas (250 camas de sala para internación general, 25 camas de terapia intensiva y 25 camas para terapia intermedia). A bordo, el servicio de sanidad en combate estaba constituido por 25 médicos y 60 enfermeros.

Entre el 4 y 11 de mayo participó en las operaciones de rescate de los sobrevivientes del crucero ARA “General Belgrano”.

Durante el conflicto realizó cuatro cruces a las Islas Malvinas y permaneció en la zona de operaciones como buque hospital durante 24 días. Llevó a cabo a bordo 234 prácticas médicas que incluyeron 74 intervenciones quirúrgicas. Participó de tres encuentros con el buque hospital HMHS “Uganda”, con el que intercambió combatientes heridos y al que abasteció de medicamentos y unidades de sangre, debido a que al buque inglés se le había coagulado el banco propio.

Tras el fin del conflicto armado, participó en las operaciones de repliegue al continente de los combatientes y heridos argentinos, entre el 17 y 22 de junio.













La División de Corbetas estuvo conformada por las corbetas ARA “Drummond”, ARA “Granville” y ARA “Guerrico”. Las dos primeras formaron parte de la Fuerza de Tareas Anfibia, brindando protección y apoyo a las unidades encargadas de desembarcar el 2 de abril; mientras que la última participó del Grupo de Tareas que tenía como fin recuperar las islas Georgias del Sur.

Aquí vale la mención del combate en Grytviken, donde la corbeta ARA “Guerrico” tuvo una actuación destacada en el desembarco y toma de posición de combate de una fracción de Infantes de Marina. Era 3 de abril cuando precedió al “Bahía Paraíso” –a bordo del cual se encontraba el Grupo de Desembarco– en el ingreso a la bahía Cumberland, efectuando una búsqueda electrónica y comprobando la ausencia de unidades británicas.

Ya en el puerto de Grytviken, la dotación de la corbeta detectó diferentes condiciones que reducían el espejo de agua disponible para la maniobra del buque y lo dejaban expuesto al fuego enemigo que inicialmente se había desatado sobre dos helicópteros del Grupo de Tareas argentino. Así, el comando tomó la arriesgada decisión de entrar y salir de la caleta para atraer la atención británica hacia el buque y, a la vez, tratar de batirlo con fuego propio para permitir que los infantes de marina pudieran consolidar su posición en tierra.


La corbeta comenzó a recibir fuego constante durante toda su maniobra que impactó sobre su superestructura. El sistema de armas tuvo un breve período de funcionamiento antes de averiarse. Fue durante la operación de la ametralladora de 20 mm. que falleció el apuntador, Cabo Primero de Mar Patricio Alfredo Guanca, la única baja que tuvo la dotación de la unidad.

Una vez abandonada la caleta y con varios heridos a bordo, el buque ocupó una posición en proximidades de la roca Hobart, y desde allí comenzó a abatir al enemigo con el reparado montaje de 40 mm., comenzando desde la zona más alta, próxima a los edificios. A los pocos disparos y antes de tener que intentar impactar en los edificios, se produjo la rendición.
El “Belgrano”: custodio eterno del mar austral

Cómo olvidar aquel crucero de 3900 toneladas que había sido puesto en servicio dos años antes de la guerra. El 16 de abril de 1982 zarpó desde la Base Naval Puerto Belgrano hacia el este de la zona de conflicto con 1093 tripulantes. Los testimonios y relatos describen ese momento como de una incertidumbre completa, de una esperanza simbolizada en la promesa de volver y de una movilización por defender la Patria.

Debía mantenerse fuera del área de exclusión vigilando las intenciones de las fuerzas enemigas. Luego de recalar en Ushuaia, se reunió con dos destructores. El 1° de mayo recibió la orden de atacar por el sur pero ya habían sido detectados por el submarino nuclear HMS “Conqueror” que se había posicionado en cercanías de ellos.

Al día siguiente se le ordenó replegarse, pero su destino ya estaba marcado. Fue a las 16:02 horas cuando el primer torpedo Mark 8 impactó en la sala de máquinas, disparado a una distancia de tan sólo 5 km. El segundo impacto fue en la proa, destruyéndola casi por completo. No había opción y la tripulación escuchó a las 16:23 horas la orden de abandonar el buque.











martes, 18 de agosto de 2020

VETERANOS Y EXCOMBATIENTES DE MALVINAS

Descubrieron un mural en homenaje a los héroes que participaron del conflicto bélico en 1982









Personas privadas de libertad de una cárcel bonaerense transformaron una cocina de campaña a leña para que funcione a gas en un hecho solidario en el que se beneficiarán centenares de chicos.

La experiencia solidaria se desarrolló en los talleres de la Unidad 5 Mercedes del Servicio Penitenciario Bonaerense en el marco del programa “Más trabajo, menos reincidencia” que impulsa el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires.

Las autoridades penitenciarias entablaron contacto con el Centro de Veteranos y Ex Combatientes de Malvinas de la localidad de Mercedes, y se pusieron a disposición para reparar y poner en valor una cocina de campaña fabricada en nuestro país en 1942.


Las personas detenidas realizaron tareas de gas, herrería e iluminación y dejaron a la cocina de campaña, más conocida como “La Morocha”, para un uso práctico y benéfico. Es que ahora los ex combatientes van a utilizarla en las escuelas en las que brindan charlas históricas sobre la guerra de Malvinas, para calentar leche chocolatada y hasta cocinar tortas.

La cocina de campaña es un transportador de comida y tiene una olla tipo presión de 150 raciones, y lugares de guardado de alimentos. Hasta antes de la reconversión, se instalaba en un lugar y se calentaba a fuego de leña la comida, la cual se tiznaba toda por el humo, por este motivo entre las tropas se la conoce como “la morocha”, por el color negro con el que quedaba por su uso.

En los talleres del penal, los internos trabajaron a cargo del subprefecto Favio de Acevedo, y con la colaboración de todo el personal del mismo, y con la creatividad del maestro suboficial Lucas Chavaño, quien ideó como realizar los trabajos de gas, herrería y electricidad, para esta transformación.

Los privados de libertad donaron su trabajo a través del Programa Voluntariado Social y expresaron su satisfacción de poder ayudar.

Con las medidas de prevención necesarias y la distancia social aconsejada por la pandemia del Covid -19, la entrega de la cocina de campaña se realizó este jueves en el establecimiento carcelario con la presencia del empresario y ex combatiente Aldo Franco, el subdirector general de Trabajo Penitenciarios, Néstor Gascue, el jefe de Complejo Penitenciario Zona Norte, Ricardo Méndez, la secretaria de Coordinación, Amorina García, el director de la Unidad 5, Horacio Maldonado, los subdirectores Laureano Viera y Lucas Ruiz, y personal de los distintos sectores y secciones del establecimiento.



En tanto, también se descubrió un mural en homenaje a los caídos en combate y recordatorio de la soberanía de las Islas. La obra artística la realizó Walter, uno de los internos, en el ala central del interior de la cárcel.

Con la emoción en su mirada, Walter, se presentó ante el excombatiente Aldo Franco, y le dijo “esto es para demostrar nuestro respeto, y orgullo a todos ustedes, por lo que hicieron en las Islas, por defender el país, es una gran emoción poder rendirles este homenaje. Mi tío estuvo en Malvinas y cuando las autoridades de la Unidad me comentaron la idea, me corrió frio por la espalda por la emoción y el orgullo que sentí”.



Por su parte, el empresario y ex combatiente Aldo Franco, expresó su emoción y agradecimiento en todo momento, destacando que el reconocimiento y el cariño de la gente común es lo que más satisfacciones les da. Agradeció uno por uno a los internos que participaron y a la totalidad del personal que, de una u otra manera, estuvieron involucrados en los proyectos. Con respecto a la cocina contó que tenía una inmensa felicidad de verla con un futuro, ya que hacía muchos años que la tenían y no la podían utilizar.




En una cárcel bonaerense pusieron en valor una cocina de campaña para un centro de Veteranos y Ex Combatientes de Malvinas

La experiencia se desarrolló en la Unidad 5 Mercedes del Servicio Penitenciario Bonaerense. Convirtieron el artefacto a leña para que funcione a gas. También realizaron tareas de herrería e iluminación. Será utilizada para beneficio de chicos de diversas escuelas.

miércoles, 22 de julio de 2020

SECCION BOTE DE LA COMPAÑIA C DEL RI 25 TENIENTE ESTEVEZ








El 28 de mayo de 1982 la sección “Bote” del RI 25 se batió heroicamente en el combate de Darwin contra fuerzas de elite británica. El sacrificio del teniente Roberto Néstor Estévez y sus hombres se convirtió en un modelo de las virtudes del infante argentino

El 27 de mayo los británicos comenzaron a atacar las posiciones de la Fuerza de Tareas Mercedes en Ganso Verde con mayor intensidad, los días previos las instalaciones habían sido constantemente bombardeadas. Durante las primeras horas de la mañana se produjeron enfrentamientos entre las patrullas de exploración de ambos bandos.

A las tres de la mañana del 28 de mayo la compañía “A” del RI 12 al mando del Tte 1ro J. Manresa comenzó a colapsar atacada por la Compañía “B” del 2do Batallón de Paracaidistas. El Tcnl Ítalo Piaggi intentó aliviar la presión enemiga y recomponer el frente.

Para ello empleó la Primera Sección de la Compañía “C” del RI 25, la “Bote”, al mando del Tte R. N. Estévez que partió al frente de los bravos de la Compañía “C” en busca del enemigo. Iba a la cabeza de la columna, y era seguido por los Cabos Mario Rodolfo Castro, Roberto Jorge Zárate y Miguel Ángel Ávila. A las 5 de la mañana del día 28 llegaron a Casa Boca cerca del cementerio de Darwin entrando en combate con los efectivos del la Compañía “A” del Regimiento 2 de paracaidistas ingleses, unidad de elite del Ejército Británico compuesta por unos 150 hombres a los que se sumaron los de la “B”.

La Compañía “D” marchaba detrás de la “B” que habían combatido contra los del RI 8 al mando del Subt. R. G. Aliaga sufriendo fuertes bajas. El Tte R. N. Estévez ordenó a los hombres del RI 12 que quedaban en el sector ayudarlo a reorganizar la defensa. Apenas habían comenzado a ocupar las posiciones, varios de los hombres se encontraban todavía al descubierto, cuando empezó el combate sobre una pequeña elevación del terreno llamada Darwin Hill que les daba ventaja a los argentinos, eran cerca de las 08.00.

Los británicos avanzaron confiados. El choque fue sumamente violento ya que el volumen de fuego recibido fue inmenso, pero los efectivos del RI 25 lograron estabilizar el frente deteniendo por completo a los paracaidistas:

“(…) La Sección BOTE fue sorprendida fuera de las posiciones. Muchos fueron heridos por las esquirlas. Una vez más, el enemigo lanzó su ataque sobre las posiciones argentinas. Se intensificó un nutrido fuego de ambos lados; el combate se transformó en un infierno. El Tte. ESTÉVEZ fue herido en un brazo. Con su radio, reglaba el fuego de la propia artillería de campaña, mientras que su tropa era impulsada al combate por medio de su voz y de su ejemplo”.

El Tte. R. N. Estévez recorría las posiciones organizando a sus hombres que respondían brillantemente, fruto de la instrucción recibida. Los proyectiles de la artillería argentina caían muy cerca de los argentinos por lo que Estévez, con una herida en una pierna y el brazo izquierdo que le quedó destrozado, le ordenó al soldado Fabricio Carrascul que buscara una radio que estaba en una posición cercana. El valiente conscripto salió a cumplir la misión y fue abatido por los británicos. Finalmente otros soldados pudieron llegar a la posición de Estévez con la radio que le permitió reglar el tiro de la artillería propia dirigida por el Tte. 1ro. C. Chanampa:

“La efectividad del tiro la comprobaba mediante la información que me llegaba de los elementos de Infantería que constantemente me daban la ubicación de la propia tropa, del enemigo y del sector del terreno que estaba batiendo. Se destacó en esta actividad el Teniente de Infantería ESTÉVEZ (…)”.

A pesar de sus heridas, el Tte R. N. Estévez disparaba su FAL con el brazo sano y seguía dando órdenes a sus hombres. Recurrimos a un testimonioque explica el diálogo del Tte Estévez con sus subordinados:

“- Cabo Castro, me hirieron en la pierna, pero no se preocupe, continuaré reglando el tiro de la artillería- gritó, sin titubear, el Teniente Estévez.

– Enfermero, rápido, atienda al Teniente- ordenó Castro, con un grito.

– Me pegaron de nuevo, esta vez en el hombro. Cabo Castro, no abandone el equipo de comunicaciones y continúe dirigiendo el fuego de artillería… – fue su última orden; un certero impacto en la cara, quizás de un tirador especial, lo desplomó sin vida (…)”.

Antes de morir, el Tte. R. N. Estévez protegió al soldado AOR Sergio Rodríguez, testigo directo de los dramáticos sucesos:

“El Teniente Estévez estaba recorriendo las posiciones, gritando órdenes de derecha a izquierda, todo esto, repito bajo el terrible fuego enemigo. Al salir del pozo contiguo al mío recibió dos balazos en el brazo y pierna izquierda, respectivamente. Tambaleándose llegó al pozo donde yo me encontraba. Este valeroso oficial, sin preocuparse de sus propias heridas me preguntó por las mías pues yo estaba ensangrentado. Le contesté que podía arreglármelas. Estévez tomó un FAL y comenzó a disparar luego, por radio estuvo dando nuevas órdenes. Mi MAG la tomó otro soldado del 12 y abrió fuego contra el enemigo (…). Estévez, lo repito, sin importarle sus heridas tomó el caso del soldado muerto del 12, me lo colocó en mi cabeza, para protegerme, ya que nosotros usábamos boinas verdes y eso no protege nada ante una bala o una esquirla. En ese momento recibió un nuevo balazo en el pómulo derecho y se desplomó pesadamente a mi lado. Tratamos de auxiliarlo y le oímos decir algo que nadie entendió, y luego expiar (…)”.

El Tte. ESTÉVEZ 

En otro pozo de zorro fue alcanzado el Cabo Mario Rodolfo Castro. Otro de los suboficiales que cayó en combate fue el Cabo Miguel Ángel Ávila.Lejos de terminar la lucha, los leones del RI 25 continuaron el combate deteniendo a los paras que pensaron que se encontraban peleando contra un regimiento completo. Esto demostró la formación que habían tenido: muerto su oficial superior y varios suboficiales, los soldados siguieron peleando. Con sus fuerzas rechazadas después de tres ataques y tres horas de combate, con un número considerable de bajas, el Tte. Cnl. H. Jones, Jefe del 2 PARA decidió avanzar. Muy pocos de sus hombres lo siguieron, cayendo muertos dos de ellos al iniciar el ataque. Momentos después el Tte. Cnl. H. Jones fue abatido por los disparos de la MAG del soldado AOR Oscar Ledesma (imagen) mientras intentaba tomar una trinchera ocupada por efectivos del RI 12:


“La fuerza de la primera ráfaga hace que el inglés dé un medio giro en el aire y quede tendido en el terreno con los pies en mi dirección. Ahí tuve una fracción de segundos, donde el tipo en el suelo comenzó a gritar y manotearse la cintura, por lo que creíamos que tenía alguna granada, levanto la MAG y vuelvo a descargarle otra vez”.

El 2 PARA trastabilló, la noticia de la caída de su Jefe, conmocionó todo el frente y la ofensiva de se detuvo. En el mismo pozo donde se encontraba el AOR O. Ledesma, estaba el AOR Nelson Gerardo Huircapan que fue herido por una esquirla de un cohete. Valientemente, O. Ledesma dejó la MAG para auxiliar a su compañero, después de comprobar que la herida era leve reabrió el fuego junto al AOR Jorge Osvaldo Testoni que conversaba y hacía chistes (estaban en la misma posición el Sarg. 1ro. Jumilla Buenaventura, el Sarg. 1ro. Alcides Estigarribia y un soldado del RI 12).

Dijo el conocido estratega y filósofo chino Sun Tzu Cuando quieras saber como te fue en la guerra, pregúntale a tu enemigo. Tomando el relato de un oficial inglés, Clive Livingstone, los periodistas Max Hastings (acompañó como reportero a las tropas británicas durante los combates) y Simon Jenkins escribieron:

“De pronto, al romper el día, el balance de la batalla se inclinó bruscamente en contra de los ingleses. Estaban atrapados en terreno abierto, con el único refugio completamente al flanco, y un enemigo preparado para el combate de frente. Los servicios de informaciones habían comunicado especialmente que las posiciones argentinas eran a cielo descubierto. En realidad, sus trincheras tenían sólidos tejados, y los informes sobre una guarnición desmoralizada y desganada parecían sin fundamento. Tantas mentiras que se nos dijeron acerca de que no querían pelear, y están peleando como leones. Un impresionante fuego de mortero y artillería caía sobre las compañías de paracaidistas desplegadas en el istmo (…). Incluso un soldado conscripto podía ser un combatiente formidable contando con munición ilimitada y disparando desde posiciones bien preparadas, mientras que los paracaidistas padecían de falta de munición (…)”.

Días antes de partir hacia las islas Malvinas, el Tte R. N. Estévez dejó en manos un oficial una carta que en caso de que él muriera, debía ser entregada a su padre, cosa que finalmente ocurrió:

“Sarmiento, Chubut, 27 de marzo de 1982.

Querido papá:

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis actos a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en el cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos: ¡qué misión! ¿No es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas nuestra soberanía? Dios, que es un Padre generosos ha querido que éste tu hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que quiero pedirles a todos es: 1) Que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo; 2) Que me recuerden con alegría; y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza; y muy importante: 3)que recen por mí.

Papá: hay cosas que un día cualquiera, no se dicen entre hombres, pero que hoy debo decírtelas: gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tener tu apellido, gracias por se católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.

Dios y Patria ¡O muerte! Roberto”.


Muerto el Tcnl. H. Jones, se hizo cargo del 2 PARA el My Chriss Keeble que reorganizó a sus hombres y tras recibir refuerzos, municiones, apoyo aéreo y naval reinició el ataque. Los hombres de la Sección “Bote” del Tte. R. N. Estévez seguían combatiendo, pero las bajas sufridas y la escasez de munición hicieron que el volumen de fuego disminuyera considerablemente. Esto permitió a los paracaidistas ir tomando una a una las trincheras argentinas que se quedaban sin munición y barrer con fuego de lanzacohetes y misiles Milán a las que aún resistían.

Los efectivos fueron llevados a la retaguardia, varios de ellos heridos. A la madrugada fallecieron los soldados AOR Horacio Giraudo y Arnaldo Zavala. Junto con los bravos del RI 25 cayeron también varios de sus camaradas del RI 12: Cabo 1ro. José Luis Ríos; los Cabos Mario Castro y Luis Miño y los Soldados Gabino Ruíz Díaz, Ireneo Mendoza, Ireneo Maciel, Alberto Moschen, Rubén Horacio Gómez y Carlos Osyguss.

Durante casi cuatro horas, el reducido número de efectivos de la Sección “Bote” junto a sus hermanos del RI 12 detuvo el avance de dos Compañías de fuerzas de elite británicas, matando al Jefe del regimiento y produciéndole importantísimas bajas.

Tomados prisioneros, la actitud de los hombres de los Regimientos 12 y 25 despertó la admiración de los enemigos:

“(…) Rod Bell, infante de marina intérprete, estaba fascinado viéndolos rezar sus oraciones en la oscuridad quebrada por las llamas de las hiniestas encendidas, dirigidos por un joven subteniente baleado en una pierna y con una herida de metralla en un ojo. Algunos estaban arrodillados, otros tenían rosarios. Ambas partes eran conscientes de ser sobrevivientes de una experiencia mortífera (…)”

Varios de los hombres de la sección “Bote” recibieron condecoraciones: el Tte R. N. Estévez fue condecorado (post mortem) con la Cruz “La Nación Argentina al heroico valor en combate”, la más alta otorgada por la Argentina.

El AOR Domingo Álamo recibió la medalla “Al mérito militar” por: “Combatir heroicamente concentrando sobre sí el fuego enemigo permitiendo con su actitud el repliegue total de su grupo”.

Los AOR Oscar Ledesma, Diego Morano y Jorge Testoni recibieron las medallas “Al esfuerzo y la abnegación”. Los tres fueron condecorados por: “Combatir con denuedo y eficacia ocasionando serias bajas al enemigo conteniendo su ataque”.

El Cabo Mario Rodolfo Castro y el AOR Fabricio Edgar Carrascul fueron destinatarios, post mortem, con la medalla “Al valor en combate”.

Los AOR Daniel Alejandro Ambroggio, José Luis Bracamonte, Armando Raúl Orellana, Ítalo Rubén Quiroga, Sergio Daniel Rodríguez, Orando Javier Ruffino con la medalla “Al herido en combate”.

Los AOR Lorenzo Giraudo y Arnaldo Enrique Zavala con la medalla “La Nación Argentina al muerto en combate”.

viernes, 3 de julio de 2020

"CRUZ LA NACIÓN ARGENTINA AL HEROICO VALOR EN COMBATE"


El heroico valor en combate
“Cruz La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”.


En 74 jornadas de acción, algunos cayeron. Otros siguen velando por la memoria de aquellos días de guerra. Todos son parte del selecto grupo de los máximos héroes contemporáneos de la Nación, quienes se hicieron merecedores de la “Cruz La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”.

Las condecoraciones por méritos adquiridos ante la Patria existen desde tiempos remotos. Fueron conocidas por los egipcios, los griegos y los romanos, por mencionar sólo algunos ejemplos antiguos. Podían otorgarse en forma de collares, cintos, medallones. Y debían llevarse ostensiblemente sobre la vestimenta. Este mandato de lucirlo no era arbitrario, sino que respondía al reconocimiento merecido por parte del pueblo de la persona que la portara, y también del portador, para brindar el ejemplo.


Sin querer entrar en un análisis falerístico, debemos mencionar que en los pueblos cristianos las condecoraciones han tenido comúnmente la forma de cruz ornamental, casi siempre dorada y esmaltada, con figuras e inscripciones alusivas y que se porta pendiendo de algún lazo, collar o cordón precioso.

En Argentina fueron comunes en distintos conflictos como la Guerra contra el Paraguay o campañas como la denominada Del Desierto o las de diversas exploraciones del territorio. Sin embargo, las condecoraciones más contemporáneas por una situación de combate pertenecen a la Guerra por las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, la cual dejó muchas páginas destacadas escritas en el libro de la defensa de nuestra soberanía. Algunos párrafos están colmados de heroísmo, coraje, inteligencia, entrega y un profundo amor por la Nación y por esa helada turba malvinense.

Desde el desembarco en las islas durante la Operación Rosario y hasta el mismo día del cese de fuego, aquel helado lunes 14 de junio de 1982, Argentina desplegó todos los medios disponibles para recuperar las islas Malvinas, usurpadas por el Reino Unido de Gran Bretaña en 1833. Fueron más de 23.000 combatientes. Más de 23.000 historias que componen la historia misma de la guerra.


Después de aquellos 74 días, después de los 649 caídos en combate y las heridas incurables de la batalla, todos los combatientes fueron condecorados por el Congreso de la Nación por haber defendido a la Patria. Algunos recibieron más de una distinción, esta vez otorgada por la Nación Argentina: al valor en combate, al muerto y al herido en combate. También medallas de cada Fuerza y de las Legislaturas de cada provincia.

Pero hubo sólo 20 guerreros argentinos que fueron reconocidos por la República con la más alta condecoración: “Cruz La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”. Esta condecoración fue promovida por la Ley N° 22.607 del 15 de junio de 1982. Un día después de finalizada la guerra. Luego la normativa sería reemplazada por otras hasta la Ley N° 24.229. Ninguna de esas modificaciones cambió el reconocimiento de esos hombres.

El texto establece que “será concedida al personal militar, de las Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, civiles, argentinos o extranjeros, que en combate motivado por acontecimientos extraordinarios revistan carácter de función de guerra, realicen aislados o en el ejercicio del mando, una acción ponderable que se destaque considerablemente de las pautas de conducta normalmente consideradas correctas”.

De los veinte condecorados de las Fuerzas Armadas que recibieron esta particular distinción, seis son de la Armada Argentina: cinco de sus filas orgánicas regulares y un conscripto que estaba destinado en el Batallón de Infantería de Marina Nº5 (BIM5). Estas son sus hazañas de guerra.

· Capitán de Fragata (post mortem) Pedro Edgardo Giachino, Agrupación Comandos Anfibios: condecorado por su valentía, heroísmo y liderazgo demostrados durante la Operación Rosario, mediante la cual se recuperaron las islas Malvinas. En dicha ocasión, el Capitán Giachino lideró sin abrir fuego ante las tropas británicas el asalto a la casa del Gobernador, donde al entrar por la fuerza fue recibido por intenso fuego de fusiles de Royal Marines, cayendo gravemente herido. Murió en el hospital de la localidad de Puerto Argentino el mismo 2 de abril de 1982, convirtiéndose en el primer caído de la guerra.


· Teniente de Navío Owen Guillermo Crippa, piloto de Aermacchi MB-339, Primera Escuadrilla Aeronaval de Ataque: condecorado por su heroísmo y arrojo demostrado en el primer ataque aéreo al desembarco británico en Puerto San Carlos, donde en solitario y con una aeronave liviana realizó un ataque al centro de la Flota británica allí basada, conformada por catorce navíos fuertemente defendidos por artillería antiaérea y misiles. Enfrentándose a todo el dispositivo abrumadoramente superior, el Teniente Crippa atacó exitosamente con cohetes no guiados a la fragata británica HMS “Argonaut”, dejándola fuera de servicio, para luego regresar mediante maniobras evasivas y un denso fuego antiaéreo del enemigo a su base operativa en Puerto Argentino.


· Teniente de Corbeta Héctor Omar Miño, Compañía de Ingenieros Anfibios: condecorado por ejecutar voluntariosamente delante de la posición misiones de alto nivel de riesgo y, cumplidas sus tareas específicas como ingeniero de combate, armarse como infante y rechazar a un enemigo numéricamente superior mediante cinco contrachoques conducidos personalmente, resultando herido al intentar proteger a un camarada cuya vida corría inminente peligro. Luego de reorganizar a su personal y dejarlo en posiciones seguras, se replegó 6 kilómetros por sus propios medios, con un proyectil alojado en una pierna, para luego negarse a ser atendido hasta que lo hubieran sido los subordinados heridos que lo acompañaban.

· Teniente de Corbeta Carlos Daniel Vázquez, Batallón de Infantería de Marina Nº 5, Compañía Nacar, 4ª Sección: condecorado por conducir su sección de tiradores con vigor y acierto en la defensa del monte Tumbledown contra el ataque de toda una unidad británica, recurriendo al fuego de la propia artillería y morteros sobre su posición, a fin de producir bajas al adversario sin reparar en su propia seguridad y recién resignar su posición después de resistir por tercera vez ataque enemigo, luego de haber agotado su munición y estar su sección prácticamente aniquilada.

· Suboficial Primero (post mortem) Julio Saturnino Castillo, Batallón de Infantería de Marina Nº 5, Compañía Nacar, 4ª Sección: condecorado por desempeñarse como Jefe de Grupo de la 4ª Sección de Tiradores, tener reiteradas actitudes de entrega al servicio y valor personal, lealtad y devoción hacia sus subalternos y superiores, antes y durante el combate final, combatiendo con fiereza y dando permanente ejemplo de valor personal. Supo conducir a sus hombres hasta caer abatido por el fuego adversario cuando trataba de salvar a un subordinado que estaba siendo muerto a bayonetazos por el enemigo. Un buque de la Armada Argentina recibió su nombre en su honor.

· Conscripto Clase 1962 Félix Ernesto Aguirre, Batallón de Infantería de Marina Nº 5, Compañía Nacar, 4ª Sección: formando parte de la 4ª Sección de Tiradores de la Compañía Nacar del BIM5, combate a distancia cuerpo a cuerpo, soportando una abrumadora superioridad del enemigo y el fuego de la propia artillería sobre su posición, resistiendo dos asaltos británicos. Es herido inicialmente en las piernas y, pese a ello, intenta auxiliar al Subteniente Silva herido mortalmente cerca suyo hasta que, finalmente, es nuevamente herido y muere en su posición de combate. Su conducta constituye un claro ejemplo de soldado y camarada.

Las máximas condecoraciones otorgadas al personal de la Armada Argentina recorren hechos heroicos que van desde aquel 2 de abril en que se recuperaron las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, hasta el mismo 14 de junio en que se estableció el cese de fuego.


Las historias de estos seis guerreros de la Nación no componen hechos aislados, sino que se enmarcan en un sinnúmero de acciones colmadas de valor, entrega y sentido de propósito llevadas a cabo por integrantes de la Armada en el mar o sobrevolando el cielo malvinense, junto a los miles de combatientes de los distintos batallones y fuerzas especiales.

Son muchas y valiosas, cargadas de coraje y amor por la Patria, las páginas gloriosas que dejó a la Armada Argentina el accionar de sus hombres durante la Guerra de Malvinas, junto a integrantes del Ejército Argentino y la Fuerza Aérea Argentina. También algunos aprendizajes que luego trazaron los lineamientos para nuevas doctrinas y adiestramientos.

Por eso la Armada Argentina agradece, en las historias de estos seis héroes sobresalientes, a todos los Veteranos de Guerra que formaron parte de aquella gesta. Son héroes de la Patria y tendrán por siempre un cálido y privilegiado lugar en nuestra Fuerza.